Hasta cuándo lo menos peor?

Casi, casi hoy (es decir, ayer), Argentina, eligió Presidente.

La tendencia inexorable de los sistemas partidarios a nivel internacional es la formación de dos fuerzas (sean de un solo partido, alianzas formadas por dos o tres partidos, o frentes, formados por varios partidos menores) – “centro-izquierda” y “centro-derecha” -, que se disputan el poder mediante la utilización de diferentes “maquillajes”, en un intento por disimular la farsa que implica querer diferenciarse uno del otro, siendo prácticamente equivalentes…

Esta situación, esta tendencia predominante del panorama mundial, tiene sus orígenes en causas de las que no hablan los libros de ciencia política, pero sí, “Poesía en Demasía (e Idearios semi-Libertarios)”…

Los libros de política tratan, como es de esperar, de política… tal vez con una pizca de sociología, sí, seguro… pero prácticamente nulos son sus contenidos respecto de filosofía antropológica (bueno, está bien, sociología teórica). He allí su falencia. Los textos actuales de política ya no son como Filosofía del Derecho de Hegel, o el Leviatán del Hobbes. Hoy por hoy, prima el utilitarismo con amplio margen (más o menos un margen tan amplio como el que acaba de llevar a Cristina F. de Kirchner a la presidencia) y ya a nadie le interesan los análisis profundos acerca de la naturaleza humana que lleva al comportamiento del “zoo politikón aristoteliano(del hombre político).

Basta de introducciones: Irreversiblemente, pareciera, tienden a configurarse dos fuerzas principales porque los individuos que conforman la sociedad quieren (queremos, sí, está bien, queremos) formar parte de las decisiones, al nivel que sea, uno, como integrante de un grupo, necesita saberse parte del mismo. Es por eso que, finalmente, sólo quedarán – si no revertimos el proceso – dos agregados políticos que, entre sí, serán homogéneos (prácticamente pares, diferenciándose sólo con las palabras que utilicen para cosechar votos), pero heterogéneos hacia su interior.

Por un lado, cada ciudadano ansía votar al candidato que ganará (nótese el curioso giro de esta oración, en oposición a esta otra que hubiera usado otro analista: “cada ciudadano ansía que gane el candidato que vota“), por la necesidad de sentirse parte integrante; y por el otro lado, los Partidos políticos, o tienen vocación de Poder, odigámoslo de una vez por todas: – son una mentira!!! de modo que, (cansados de que pasen los años y ellos ni una banca en el Parlamento…) se van corriendo hacia posturas más abiertas, que les posibiliten más “oportunidades”.

Conclusión, cansados de quedar fuera del proceso democrático – por decirlo de alguna manera -, tanto los individuos, como los partidos políticos, se van concentrando en (o dirigiendo hacia)el centro. Pero, antes que especulación, o mera logística – por parte de los partidos – lo que determina este movimiento, como ya dijimos, es la naturaleza del hombre, que lo insta a saberse existente, no solo, acompañado…

Esta postura podrá parecer trillada, pero no lo está: quienes han hablado con anterioridad de este movimiento hacia el centro (como ejemplo magistral, propongo a Giovanni Sartori, en su libro “Partidos y sistemas de partidos”), lo han hecho con una perspectiva partidaria, es decir, atribuyéndoles las causas de dicha tendencia, a estrategias de los partidos políticos, pero no al ciudadano, que es en definitiva quien verdaderamente opera como raíz del problema

Como corolario de lo anterior, propongo que dejemos a un lado el primitivismo de votar siempre a uno de los dos idiotas que van primeros en las encuestas (nefastas que construyen Opinión Pública más que divulgarla) sólo para tener participación. Votemos al partido que realmente nos representa (en el sentido de que “patée para el mismo lado”, defienda nuestros valores, dé cabida a nuestros intereses, manifieste nuestros ideales, etc., etc., etc.), aunque sólo seamos trescientos loquitos o parezcamos ingenuos. De este modo, la democracia no se desvirtuará, y se volverá directa y fuerte, como debe ser, en lugar de convertirse en un anexo televisivo ! ! ! ! ! ! ! ! ! !

Lógicamente, tal cambio de actitud conllevaría, o debería implicar, un cambio en el de sistema político, para poder acompañar de manera justa a todos los individuos en el proceso democrático, por ejemplo, descartando el modelo presidencialista, pero desarrolar esto es demasiado extenso y obliga a otro artículo…

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