sombra y seña

a Mechi.
Te imagino como un algo templado y suave
de enormes ojos… tal vez un lago.
O, acaso, algo bueno, aspirando lo que arde
en este mi pecho castigado, ¡como de seco heno!
No puedo sino pensarte como brazos y
bellas palabras que dan aliento, si no arte…
como Atenea, y yo en tu regazo, pensarte…
y cuando hesito: ¡enderezando mi pasos!
Eres para mí esa muñeca delicada, esa
osita, ese hada… que alegra mis mañanas;
abre, de mi pasado, con fuerza las persianas,
y me empuja sin cuerda ¡a olvidar la pereza!
 
Y aunque te conozco en flaquezas varias,
aunque vislumbré escollos, y ocultos temores,
en firme vuelo tus águilas y mis azores,
enamorados, ¡sortearán todas las vallas!
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