Política sacra, polis sorda

Cristina-Lanata

Fútbol, Religión, Política: Hay quien dice que no hay que iniciar ninguno de estos tres temas en reuniones amistosas, formales, ni familiares (mucho menos, si se trata de la “familia política”, claro…). Muchos coincidimos en que este fenómeno se debe a que tales temas invocan convicciones profundamente arraigadas en cada uno de nosotros, lo que conlleva a desacuerdos insalvables y, por lo tanto, es mejor dejar de lado dichos tópicos para ahorrarnos malos tragos y saliva en discusiones infructuosas.

El propósito de esta entrada es dilucidar el porqué desde una perspectiva explicativa más que preventiva, al tiempo que comparto con ustedes ciertas experiencias que he tenido últimamente, sobre todo en estos tiempos en que de no discutir sobre política porque a nadie le interesa”, pasamos a “no discutir sobre política porque a todos les interesa y han asumido posturas inquebrantables y ciegas”.

Es verdad que el gobierno kirchnerista contribuyó para que entre todos pongamos sobre la mesa la cuestión política, lo cual es inmensamente beneficioso para cualquier sociedad, y jamás hubiera sucedido si no hubiera avanzado de manera positiva sobre temas críticos y basales que hicieron tambalear (parte de) el status quo en el que vivíamos resignados. Pero también es cierto que esa misma energía, fuerza o fiebre que llevó a hacer de la política un tema cotidiano como ningún otro gobierno del que yo tenga memoria, ha sobrepasado los límites de la razón, manchando a ambas partes con una intolerancia creciente por la opinión y las razones del Otro.

¿Conclusión?: Por desgracia, el exceso de fanatismo nos está conduciendo de regreso al punto de partida; Ahora, si tales temáticas salen a la luz, sean reuniones de recién conocidos o de amigos de toda la vida, hay dos posibilidades:

  1. Sólo habla una campana, y la otra permanece muda para no iniciar una polémica infértil y violenta, o
  2. Opinan las dos campanas y, en efecto, se inicia una polémica infértil y violenta. (Porque, hemos de admitirlo, no abundan los opositores moderados, pero los cristinistas moderados son una especie en franca extinción)

Hablo de “dos campanas”, porque lamentablemente nueve de cada diez personas que tienen una postura política definida son, o cristinistas acérrimos, o anti-cristinistas. Es muy triste que estas etiquetas, hoy por hoy, caractericen más a mis compatriotas que la filiación o simpatía partidaria o ideológica.

Esto es porque el kirchnerismo ha logrado convertir lo político-partidario en religioso.

Y aquí nos hemos insertado de lleno en el quid de esta entrada. (Seguro le robé la idea -o su semilla- a alguien que leí y no recuerdo, pero) opino que hoy por hoy -y más que nunca*- ya no podemos discutir sobre Política, Fútbol, ni Religión porque los tres temas implican abordar una “creencia”, más allá de lo racional, y por eso, no se llegan a conclusiones satisfactorias nunca en conversaciones que aborden estos campos.

(*: Digo “más que nunca”, porque es un círculo vicioso esto de pertenecer a algo: cuánto más se ve amenazada nuestra esfera, con mayor ahínco la defendemos. Esto pasa con la religión: cuanto más avanza la ciencia contra nuestras creencias, más fervientemente las defendemos, y “fervientemente”, en este caso, quiere decir: irracionalmente.)

Las Creencias se interponen fanáticamente entre el interlocutor y su sujeto consciente: Si esto no fuera así, cada quién podría ser justo y criticar lo negativo del partido que defiende, así como elogiar lo positivo de quien ataca.

En Religión y en Fútbol “no queda otra”: ambos sistemas de valores crecen por fuera de la luz de la razón (todos sabemos que en la inmensa mayoría de los casos, “se es” de alguna religión o cuadro futbolístico por meras razones histórico-geográficas, antes que por decisión consciente) pero en Política surge el problema mayor cuando abordamos lo político desde una óptica mística (irracional, cerrada e insensata) que atenta contra aquello de lo que más debería nutrirse, que son las diferentes miradas y soluciones propuestas.

La pregunta es: ¿Por qué alguien se vería obligado a tener fe en algo?

La respuesta es demasiado fácil, salta a la vista, y resume a todas las demás: pues porque ese algo no depende de ese alguien. Tenemos fe en un fenómeno o en un objeto cuando éste no depende de nosotros para existir, hacer, o dejar de hacer.

Pero tomemos los tópicos por separado. Empecemos por el fútbol.

Es por ello que nosotros sí nos vemos obligados a tener fe en que nuestro equipo de fútbol prevalecerá por sobre los otros (o que no descenderá, que ganará una copa, o lo que fuere): porque no depende directamente de nosotros su victoria.

Por eso mismo, en contrapartida, no “tienen fe” en el equipo los propios jugadores, ni el director técnico, ni los que compran o venden, contratan o despiden a los jugadores y a los directores técnicos: todos ellos, agentes activos, no “tienen fe” en sí mismos aunque lo digan, no en el sentido estricto de la palabra. (En todo caso, se refieren a que se tienen confianza, basada en su propio talento, y el de los demás agentes activos, por un lado, y por el otro, a que esperan que el azar los favorezca a ellos, o perjudique al adversario, pero nunca se tienen fe).

Pero la fe no tiene nada que ver con el azar. La fe es mística, la fe es sobrenatural, mientras que el azar es lo más natural del mundo… junto con la causalidad, obvio. Pero la fe no tiene nada que ver con ésta tampoco, sino la confianza.

Uno tiene fe en una deidad, o en cualquier doctrina religiosa, porque ni los dogmas de ésta, ni el accionar de aquélla, dependen de uno. De igual manera, en el fútbol, cuanto menos ocurre la injerencia del seguidor, más ocurre la fe. Lo expreso de esta manera, porque un hincha multimillonario puede “regalarle” medio plantel de jugadores a un equipo, y con eso salvar su club del descenso, pero aquí no habría fe, pues habría injerencia directa.

…Y con esto llegamos finalmente a la cuestión de la política, cuando es erróneamente considerada como un sistema de creencias, y sus “caudillos”, como a divinidades.

En política, más que en otras temáticas, más que la fe, debiera prevalecer una argumentación guiada por la lógica, desprovista de juicios de valor caprichosos: el archivo, lo fáctico, debieran reinar. Y, por qué no, las ideologías, pero no como fuentes de verdades, sino como esbozos de posibilidades siempre pasibles de ser analizados analíticamente.

Sin embargo, el fenómeno de la intromisión de la fe en la política ocurre cada vez que se cree a ciegas en un Partido, cada vez que se lo defiende arbitrariamente. Por eso, digan lo que digan, los partidos políticos son mayoritaria y principalmente verticalistas. Como en las fuerzas armadas: aceptás y obedecés, o “a otra cosa mariposa”. De allí el término “militante”.

Ésta es una verdad tan humillante y ofensiva para nuestra condición de individuos pensantes autónomos, que muy pocos la explicitan. Pero esto no quita que haya sido sistemáticamente explotada, desde hace décadas, por los partidos políticos.

Nos volvemos religiosos con la política, de forma natural, cuando inconscientemente nos sabemos “fuera”, “ajenos” y sin injerencia alguna, ya sea sobre Nuestro Partido, Nuestro Caudillo, o sobre el Sistema Político todo: pero, como no hay capital más valioso para un Partido, Equipo o Religión, que la fidelidad de sus adeptos, por todos los medios, ellos tratan que “nos pongamos la camiseta”. (Y de allí viene dicha frase, precisamente)

Pese a quien le pese (invito a comentar todo lo que quieran), uno tiene fe en política cuando está convencido de que debe aceptar los caprichos de su caudillo pues no le queda otra: es impotente. Quien cree, acepta sin restricciones. Quien milita, acepta sin restricciones.

Mientras que alguien convencido en su poder como ciudadano político, no cree religiosamente en nadie, y por ello puede criticarlo: ¡lo critica porque puede cambiarlo! Pues si no podemos cambiar algo, ¿para qué criticarlo?

Por eso no milito, ni milité nunca, en ningún partido.

Y, por eso, en las reuniones estamos volviendo a no hablar de política: porque el fanatismo nos está conquistando. Un fanatismo que en un nivel muy profundo e inconsciente, les dice a todos los que tienen fe: “Si yo no puedo tocar a mi dios-caudillo-equipo, entonces, ¡mi contrincante tampoco!… si yo lo acepto tal como es, que él lo acepte, o que lo rechace, ¡pero nunca le permitiré criticarlo porque me dejará en evidencia como inepto, cobarde o impotente.”

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13 comentarios en “Política sacra, polis sorda

  1. Me gustó el artículo. Hace tiempo que pienso así, con algunas variantes. Yo no los llamo fanáticos, sino de otra manera, ya te contaré luego. Lo que no me gustó son las cosas remarcadas en negrita, como si no supiéramos leer y descubrir las palabras o frases clave de tus ideas. Dejános pensar libremente, quién piensa puede leer y comprender, y quién no, bueno, tampoco hace falta mostrar tan evidentemente lo que se quiere decir; se corre el riesgo además de condicionar la interpretación equivocadamente.

    • Consejo muy sabio, amigo.
      Es cierto: lo releí y la verdad es que las negritas molestan; remarqué demasiado y obtuve lo opuesto a lo que buscaba haciéndolo. Pero ahora no lo voy a cambiar, prefiero que quede como testimonio de mi inexperiencia…
      Eso sí, lo pondré en práctica en futuros textos.
      Gracias.

  2. Es un artículo bastante mejor que muchos de los que publica “La Nación” y demás medios masivos, escritos por “profesionales en el análisis político”. Bien escrito también.
    Sin embargo, a mi modo de ver, la política se basa fundamentalmente en creencias -y valores- irracionales, que se defienden y por los cuales -en algunos casos-, hasta se deja la vida. La racionalidad, más bien, se pone en juego al momento de alcanzar los fines establecidos por las convicciones rectoras. Así,un feligrés se arrodilla, un hincha va a la cancha para alentar a su equipo y un militante lucha.
    Creer en una razón universal -que juzga y conduce-, que está por encima de toda “convicción pasional”; afirmar que el acceso a esa razón es privilegio de pocos (uno de cada diez) es caer, básica y subrepticiamente, en la trampa de la modernidad, en sus proyecciones, que suponen valores universales y hombres racionales.
    El siglo XX ha demostrado que no existen valores universales, o inversamente, que tales valores fueron siempre impuestos por la fuerza y la lucha; precisamente de este modo entiendo que se concibe la política, en la medida que es la frontera que proyecta y dibuja lo que se quiere, separando, comparando y confrontando en todo momento con lo que se es. Por tal motivo, la política, como la religión y, quizá de algún modo, el fútbol, confieren -en muchos casos- sentido a la vida humana, ya que son los modos que diferencian ésta vida humana de todas las demás, otorgándoles identidad y proyectándola hacia la posteridad.

    • Gracias por tomarse la molestia de contestar, querido Delfos. Tu respuesta ciertamente aporta otras profundidades, y la comparto, con una salvedad: del artículo creo que no subyace tu aseveración de que “afirmar que el acceso a esa razón es privilegio de pocos”. Todo lo contrario. El acceso es de todos, lo que yo me pregunto, es ¿por qué no la ejercen todos? Y, de hecho, la razón (sea universal, instrumentalista, pura, constructivista, o la que fuere) es la única que nos posibilita “ver” al OTRO como a un igual, (“=”), mientras que las creencias cambian ese signo por otro: (“=/”) es decir, distinto. Planteo que allí está el problema.
      Quiero mostrarte otra diferencia: bien explicitás que tu respuesta es “a tu modo de ver”… y yo, en el artículo escribo: “yo opino”… pero ambos decimos que fútbol, religión y política (partidaria) implican “creencias”; estamos de acuerdo allí. Discrepamos apenas en que a mí me parece una falencia evitable en el caso de la Política, mientras vos defendés que se “base fundamentalmente” en creencias. Ambos argumentamos nuestras posturas. Ambos nos alimentamos del otro. Existe una semilla, más allá de que germine o no.
      Fijate, sin embargo, la enorme diferencia que hay entre estas dos tomas de postura esencialmente abiertas, respetuosas del OTRO, …y las tomas de postura que derivan de las creencias, las cuales, más respetuosas unas, o menos respetuosas otras, todas dicen sin lugar a duda: “YO TENGO LA VERDAD”.
      Saludos!

  3. Para seguir fructificando el debate, recomiendo una pequeña lectura: “El escritor y la democracia” (http://es.scribd.com/doc/129866238/Cornelius-Castoriadis-Octavio-Paz-Jorge-Semp%C2%A3rn-Carlos-Barral-Debate-del-Escritor-y-la-Democracia). En ella leemos, entre tantas otras, dos opiniones del gran Cornelius Castoriadis que pueden sernos útiles si las traspolamos al tema en cuestión:

    1) “Hablamos del escritor y de la democracia. El escritor es aquel que escribe. ¿Cuál es la relación del escritor de la Bhagavad Gita con la democracia? ¿Y la del escritor del Libro de Job? Se escribía mucho tiempo antes de que hubiera democracia, y se escribía, o se componía oralmente, de una manera admirable. Pero, sin querer ni poder establecer una ruptura absoluta, el escritor, tal y como nosotros lo entendemos, comienza a existir cuando el vínculo de la sociedad con la religión se rompe, o se modifica fundamentalmente. Esta ruptura o modificación es la ruptura de la ‘heteronomía’ instituida, el comienzo del cuestionamiento de la sociedad y de los individuos por ellos mismos. Así, Isaías o Jeremías, por más admirables e importantes que puedan ser […], no son escritores en el sentido en que nosotros los entendemos, […] no están en el diálogo. No tienen nada que escuchar ni que oír proveniente de los otros hombres. Ellos han de ‘transmitir mensajes’ e imperativos que han de ser tomados o dejados, pues son ‘revelados’.”

    y, 2) “¿Qué significa todo esto sino que el escritor mantiene una doble y profunda relación con la democracia? Por una parte, es uno de los autores y de los actores más importantes de la puesta en cuestión de sí mismo, de la reflexión sobre sí, que es la esencia de la democracia. Por otra parte, en una sociedad que ya no puede vivir sobre el suelo de la religión, es, junto al artista y al filósofo, quien recuerda a los hombres que ‘viven sobre el abismo’, y no intenta ocultarlo con vanas esperanzas y falsas promesas.”

    Para terminar, aclaro lo que castoriadis entiende por “Abismo”:
    “Pasamos la mayor parte del tiempo de nuestra vida en la superficie, presos de preocupaciones, de trivialidades, de diversiones. Pero sabemos, o debemos saber, que vivimos sobre un doble ‘abismo’, o caos, o ‘sin-fondo’. El abismo, que somos nosotros mismos, en nosotros mismos y por nosotros mismos; el abismo tras las frágiles apariencias, el velo por desgarrar del mundo organizado, e incluso del mundo pretendidamente explicado por la ciencia. Abismo, nuestro propio cuerpo desde el momento en que se trastorna sólo un poco -el resto del tiempo, por otra parte, también, pero no pensamos en ello; nuestro inconsciente y nuestros oscuros deseos; la mirada del otro; la voluptuosidad tenazmente aguda y perpetuamente inasible; la muerte; el tiempo, sobre el que después de veinte siglos de reflexión filosófica no sabemos todavía decir nada; también el espacio, esa incomprensible necesidad para todo lo que existe de confinarse en un ‘aquí’ o ‘allá’; dicho de manera más general, la creación/destrucción perpetua que es el ser mismo, creación/destrucción no solamente de las cosas particulares, sino de las formas mismas y de las leyes delas cosas; abismo, finalmente, lo sin-sentido detrás de todo sentido, la ruina de las significaciones con las que queremos investir al ser, como su incesante emergencia”

  4. El artículo es muy bueno y apunta al meollo de la cuestión, ya que expone la irracionalidad con que nos desenvolvemos cuando hablamos de política, puesto que sucede lo mismo que cuando se discute de religión o de fútbol.
    “En política, más que en otras temáticas, más que la fe, debiera prevalecer una argumentación guiada por la lógica, desprovista de juicios de valor caprichosos: el archivo, lo fáctico, debieran reinar. Y, por qué no, las ideologías, pero no como fuentes de verdades, sino como esbozos de posibilidades siempre pasibles de ser analizados analíticamente.”
    Contrariamente a lo que dice Delfos, el siglo XX fue testigo de la política sin razón, un efecto de esa forma de concebir la política fue el nazismo; allí reinaba un trato desigual entre los hombres. En este sentido, -podemos decir con Foucault- que, cuando el estado está subordinado al partido, pasa lo que sucedió con el movimiento nazi, puesto que el estado que debería ser protector de todos los ciudadanos se transformó -debido a prejuicios irracionales y racistas- en verdugo del pueblo judío. Allí, en la Alemania de los ’30, tampoco se podía discutir de política, ni disentir sin confrontar, si no se estaba a favor, se estaba en contra, de modo que así era “imposible que pudiera prevalecer una argumentación guiada por la lógica, desprovista de juicios de valor caprichosos” y mezquinos.Cuando lo que se discute tiene que ver con la fe, ya no hay forma alguna de salir airoso, ni de encontrar una solución satisfactoria para todos: se violenta otro, se lo maltrata y desprecia por convicción.

    • “Cuando lo que se discute tiene que ver con la fe, ya no hay forma alguna de salir airoso, ni de encontrar una solución satisfactoria para todos: se violenta (al) otro, se lo maltrata y desprecia por convicción.
      …a eso me refería yo en el artículo, complementado con tratar de explicar el porqué, complementado con empezar a esbozar un hacia dónde… (si es que existe, obvio.)
      Gracias por tu aporte, Sapere aude.
      Saludos.

  5. Tu idea del origen de nuestros fanatismos no tiene desperdicio. No es perfecta, pero es irrebatible, tanto como los comentarios de diego , sapere y delfos. Todos estan “opinando”, ya que si bien tienen mucho fundamento todos sus comentarios, no dejan de ser “campanas” que aunque den el tono exacto, no son todas las vibraciones posibles. Lo de ustedes tambien es un acto de fe, sino no pondrian tanta materia gris detras de un tema en el que todos estamos de acuerdo, pero no lo tocamos porque subliminarmente sabemos que nuestros esfuerzos por cambiarlos son muy remotos o porque no queremos correr el riesgo de intentarlo y fracasar, que es lo mas probable.
    Pero los felicito a todos y los aliento a seguir pensando….

    • “…ya que si bien tienen mucho fundamento todos sus comentarios, no dejan de ser ‘campanas’ que aunque den el tono exacto, no son todas las vibraciones posibles…”

      Bella plasmación, “aldonan”, realmente.

      Muchas gracias contribuir a nuestra humilde orquesta con tu música.

      d

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