Bastos

Bastos

“Bastos”

Con mis ojos al ras de la mesa. No capricho, sino mera cuestión de altura corta… miré toda la vida —o casi— a los “grandes” manosear esos cartoncitos estampados…

¡Truco!

¡¡Quiero retruco!!

¡¡¡Quiero vale cuatro!!!

¡¡¡¡Quiero!!!!

Era lógico: jamás me identificaría con las espadas, y su mundo facilista, cómodo. No. Lo mío eran más bien los bastos…

Me maravillaba la simpleza poderosa —pero nunca imbatible— del ancho de bastos: la “hembra”. ¿Incomodarme el apodo cariñoso en femenino? ¿Por qué habría de? Ya hacía varios años le había preguntado a mi padre por qué le decían la Mona a aquel cantante “cuartetero”… y a falta de una satisfactoria, aclaratoria réplica, me contenté con su intento y saldé mi curiosidad por algunos años.

No me gustaron los primeros… los líderes, nunca. Tal vez, sí, sus consejos. Y acaso eso fuera la hembra: el gran intelectual detrás del “jefe”… Porque, ¡¿qué clase de gracia tiene recibir el “macho” en la repartija?! Uno recibía el As de espadas y ¡ya ganaba! Así. Fácil. Sencillo… En cambio, teniendo el As de bastos todo cambiaba. Siempre cabía la posibilidad de perder un “vale cuatro” y con él, la partida. Era una manera totalmente diferente de concebir la vida: ser el segundo. El falible. El avezado…

Con los años, fui creciendo. El colegio, la facultad, el trabajo… a la vanguardia siempre, pero arriesgándome a cada instante, ¡a que la vida me salga con el macho! …El patrón fue elegido en aquellas veladas de mi padre con sus amigos, o mis tíos… y mis primos mayores:

¡Truco!

¡¡Quiero retruco!!

¡¡¡Quiero vale cuatro!!!

¡¡¡¡Quiero!!!!

Y yo no entendía nada de nada… pero empatizaba con los que llevaban las de perder… no lo comprendo… no todavía…

Ni siquiera cuando aprendía —ya a edad temprana— a jugar a ese popular juego de naipes, me logré sentir cómodo cuando ganaba: En lo profundo, quisiera haber perdido. Tal vez se deba a mi exceso de autoestima, …al déficit del del promedio, …o a que, sencillamente, para mí es nada más que un juego.

Como la vida…

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Un comentario en “Bastos

  1. Mirando hace instantes una de las películas más aburridas que vi en los últimos años: “El llanero solitario”, donde ni siquiera la siempre grata presencia de Johnny Depp ayuda a levantar la peli, recordé nuevamente mi infancia (acaso esos recuerdos me obligaron a soportar la película hasta el final) y, sobre todo, cómo me identificaba yo con el indio “Tonto” (“Toro”, en su versión doblada)en aquellos años mozos…
    Una cosa llevó a la otra, …y aquí estoy, posteando una pequeña creación que ya debe tener como 8 años de vida…
    “Bastos”, …espero les guste!

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