lluvia

Oh, lluvia, sonrisa del destino, vehículo de mi amargura… Basta de acariciar la mañana,
Vuelve -con tus pichones mojados, tus árboles acariciados y tus cachorros chapoteando en las plazas- a donde perteneces,
Que aquí no hay lugar para los dos, apenas entra mi locura…
Vuelve al encuentro del cielo y del océano, que me he quedado sin sillas (sin futuro), y sólo resta aferrarme a la cornisa como un verdugo se aferra a su propia verdad.

Oh, lluvia, si conoceré tus besos!
Única compañía de quien es camino cenagoso…

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