“Los Nuevos” – Novela de zombies por partes. (13/35)

“Los Nuevos”; Segunda parte; Capítulo III:

“Marga y Héctor”

―¿Hola?―Marga atiende su teléfono móvil, del otro lado de la línea.

―Mi amor, la ciudad enloqueció. Apagá la televisión, la radio. Y si ya viste algo, no hagas caso de lo que dicen. Cerrá bien toda la casa y no le abras a nadie. Enseguida voy para allá.― Héctor corta el teléfono.

Y vuelve a discar.

Pero nadie contesta, apenas un: «Hola, te comunicaste con la casilla de correos de Marcos. Él no puede atenderte en este momen…». Héctor putea y cuelga. Intenta dos números más, nadie contesta. Cierra los ojos un momento. Tendré que pasar por sus casas. Toma el abrigo y sale del canal como en estampida, sin saludar a nadie.

Marga se había dispuesto a disfrutar de su día de franco en su casa: el día anterior había presentado un parte de enferma en el canal y aunque hoy se siente de maravilla, no era buena idea que alguien en la viera en el cine, o de compras en el centro, o en cualquier otro lado que no fuera “padeciendo” en su casa.

Como buena periodista que es, lo primero que hace Marga al cortar el teléfono con su marido, es encender el televisor en Canal 11, su “segundo hogar”. Atenta a la pantalla, Marga retrocede hacia el sillón, hasta que lo toca con sus pantorrillas, se sienta, sin despegar nunca la vista del televisor, sus ojos se van abriendo cada vez más, desbordados:

“…por alguna causa desconocida, muchos ciudadanos se han vuelto violentos al extremo…”

Sin poderlo evitar, en un claro signo de que ha elegido bien su profesión, Marga agarra su celular, una cámara fotográfica profesional, y sale a la vereda con el mayor cuidado. Mira a ambos lados. Todo parece normal. Seguramente han exagerado desde el canal, para tener más rating. Se recuesta contra el buzón de su casa, en la vereda, y se dispone a llamar de nuevo a su marido. Pero para cuando suena el móvil de Héctor, éste ya se ha bajado del auto para golpear en la casa de Marcos, (quien tampoco había contestado el teléfono), de modo que no oye la llamada de Marga.

Marga espera y espera a que Héctor conteste del otro lado de la línea. Su nerviosismo levanta vuelo en espiral, como un barrilete enloquecido ante las potentes ráfagas de viento que anuncian que una gran tormenta está en camino. Sin saber qué hacer, Marga corre al televisor otra vez.

Ni el teléfono fijo, ni el celular de la periodista dan señales de Héctor. El contenido del noticiero no hace más que empeorar la situación. Por fortuna, antes de comerse todas las uñas, Marga recibe un mensaje de texto de Héctor, informándole que está todo en orden, que ya se dirige a su casa, pero la periodista no puede tranquilizarse demasiado: las noticias por T.V. se vuelven cada vez más extrañas. Es decir, en realidad, ya no hablan tanto de eso, y tratan, desde el noticiero, de desviar la atención hacia otras informaciones, pero la experiencia de Marga en los medios le indica que cuando algo está en todos los medios, es grave, pero cuando no está en ninguno, es mucho peor.

Se dispone a hacer uso de sus contactos en informantes, para recabar mayor información, pero no puede. Prestar atención a la T.V., esperar a su esposo, arriesgar mil conjeturas sobre lo que está pasando, y —ahora— preocuparse por sus padres y amigos es más de lo que su cabecita puede soportar. En medio de la tensión, la televisión la retiene con su fugacidad, sus colores, tanto movimiento pensado para acaparar el ciento por ciento de la atención de los espectadores. Y lo logra una vez más, esta vez, con la experimentada joven, que lo es en periodismo, pero no en semiótica de la imagen (“…la mejor arma de capitalismo”, diría Julia…, quien idealiza mucho a Marga, pero la supera claramente en muchas más áreas de las que ella misma siquiera imagina).

No son los únicos que han sido puestos en sobre-aviso: Héctor acaba de llamar a casa de Juan y ahora está golpeando a la puerta de la casa de Marcos, aunque él y Esther ya están encerrados en sus casas, frente al bendito televisor.

Pero de los noticieros ya han obtenido toda la información que podían obtener. Como siempre, estos no informan lo más importante: por ejemplo, que uno a uno, los ciudadanos de todas las capas sociales, de todas las condiciones físicas, de todo el planeta, van perdiendo su Yo… la consciencia de sí mismos se les va desprendiendo del cuerpo como piel vieja. Cayendo en la nada. Desapareciendo para siempre.

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s