“Los Nuevos” – Novela de zombies por partes. (18/35)

Julia y Marga

Marga está sentada en un banco de la plaza, un día que comenzó soleado, pero cuyo cielo de a poco va dando paso a furiosas nubes. No sabe si estar asustada, preocupada o ansiosa, pero sabe que algo tiene que sentir; algo que suponga alguno de esos tres estados, o sus combinaciones.
En realidad, nada había pasado, pero bueno. Se asustó y salió corriendo. Olvidando su teléfono móvil en la casa, por cierto. Ahora, ya que estaba aquí, esperaría un rato, oyendo el canto de los pájaros, viendo a la gente ir y venir olvidada de sí misma, o ensimismada… y en un rato volvería a su hogar, en donde estaría Héctor esperándola, enojado, por supuesto, porque ella había hecho exactamente lo que él le dijo que no hiciera. Sea lo que fuere que haya sido lo que causó el ruido como a caída, en su patio, para dentro de unos minutos se habría ido lejos, y entonces Marga volvería a su casa.
―¡Oh!―se sorprende la esposa de Héctor, cuando dos patitas diminutas y algo embarradas se apoyan en su reluciente pantalón―Pero, ¿qué tenemos aquí?―sonríe, mientras una bola de pelos color ceniza se para en dos patas para saludarla…
―¡Bakunin! ¡Bakunin! ¡Salí de ahí!―a lo lejos grita una muchacha que viene corriendo a rescatar de las fauces de la bestia de Gévaudan, a la conductora de televisión que sigue sentada en el banco de plaza.
Antes de acomodarse en el banco, Marga había buscado con dedicación un rinconcito que no estuviera lleno de caca de paloma para no ensuciarse el pantalón, el mismo que en este preciso instante sucumbe debajo de las patitas del simpático cachorro que saluda a la perfecta desconocida como si fueran amigos de toda la vida…
―¡Bakunin, salí de ahí, te digo!―recrimina la enfadada dueña mientras lo alza en vilo, aunque el pequeño bribón tiembla de contento sin darse por aludido y, mientras se va alejando —separado por las “crueles” manos de la pelirroja—, le tira un par de lametazos al aire como despedida a la conductora de televisión que ya se ha olvidado de sus preocupaciones anteriores y esboza una amplia sonrisa.
―Cuánto lo siento, perdone…
―¡No te hagas drama!
―Pero es que la ensució toda…
―Está todo bien, en serio.
Pendiente de la conversación, pero ahora en brazos de Julia, Bakunin sigue moviendo la diminuta colita gris como si fuera una palanquita de juguete, atento a las chicas, siguiendo la charla con su mirada, como si entendiera lo que van diciendo.
―Es muy lindo…―Marga señala a Bakunin―además, ¡qué me va a hacer un poco de tierra!―Julia hace silencio y permanece algo dubitativa, como si quisiera hacer o decir algo. Marga cree que la pelirroja quiere remediar lo del pantalón, e insiste:―Está todo bien, de verdad te digo…
―Disculpame, no quiero parecer cholula, ni mucho menos, pero… sos Margarita Vena, la conductora de canal 11, ¿no?
Marga se ríe, ante la clara contradicción de su interlocutora, quien, no queriendo ser metida, se mete.―Sí, soy yo. Él, por lo que he oído, es Bakunin… y, vos, ¿cómo te llamás?
―Julia.―la pelirroja baja la mirada―La verdad, ahora me siento peor.
―¿Por qué? ¿Porque tu perrito ensució el pantalón de una famosa periodista?―bromea Marga, para romper el hielo.
―Sí, bah…, no sé… no quise decir eso.―En realidad, Julia siempre había querido conocerla, pero hacerlo de esta manera era terrible. Sin embargo, como nuestra querida pelirroja no carece de autoconfianza, de a poco se va recuperando del papelón, y su papel de chica libre y despreocupada, empieza a regenerarse, como el tejido de las estrellas marinas.―Bueno, en fin, mucho gusto. No sé cómo decírtelo, pero te admiro mucho, ¿sabés?
―¡Dejate de pavadas!
―No, de verdad, me encanta lo que hacés.
―Muchas gracias, linda, ¿sos periodista, también?
―No. Soy bibliotecaria. Pero me interesa de todo un poco, o todo de todo, más bien. Los medios, la gente. Todo. Y veo que vos también sos algo así, si no me equivoco.―Julia ya está en el baile: no le queda otra que seguir bailando.―Te soy sincera, no sé si preguntarte cosas, aprovechando este encuentro tan fortuito, o no preguntarte nada, para no quedar como cholula, o chusma, ante vos.―se sonroja Julia―Pero bueno, supongo que, en cierta forma, ya te lo estoy preguntando… ¡y ya estoy quedando como una cholula y chusma!
A Marga le encanta la desfachatez que va aflorando en la chica que tiene enfrente, le hace acordar a ella, hace unos años, y también se da cuenta de que el rubor en sus pómulos habla de la ausencia de malas intenciones o dobleces, por lo que enseguida entra en confianza ella también. Y la conversación se vuelve fluida y amena.
―Por estar tan rodeada de libros, debe de interesarte todo, como decís vos; eso, los libros deben de ser algo contagioso, por eso yo no suelo acercarme demasiado a ellos…
Julia adivina falsa modestia en su interlocutora.―Pero si no soy nada al lado de tu cultura general tan extensa, me dejás con la boca abierta con tus análisis sobre las noticias que presentás.
―No debe ser tan así, estoy segura. No creo que estés de acuerdo con todas las pavadas que digo.
―No, por supuesto, pero me refiero…
―No te refieras a nada, seguramente todos tenemos cosas interesantes que decir, pero desafortunadamente no todos estamos en los medios.―de pronto, Marga recuerda lo que la trajo hasta la plaza y cambia drásticamente de tema:―Perdoná, que esto nada que ver, pero… ¿sabés algo de lo que está pasando ahora? ¿No viste nada raro?
―¿Nada de qué?
―Dejá, no tiene importancia. Son delirios míos. Igual, me parece que se viene una tormenta―dice Marga mirando el cielo, para no quedar tan descortés―, debería volver a casa…―, sin embargo, la periodista parece disfrutar de la compañía de Julia, igual que ésta de la suya, por lo que decide extender la charla unos minutos más:―De todas maneras, si vivís para allá, podés acompañarme unas cuadras. …Si querés.
Julia vive exactamente para el otro lado, y ni siquiera cerca de la plaza, pero decide no perderse la oportunidad de estar con su admirada Margarita Vena.
―Sí, te acompaño, si no te molesta, claro. No quiero ser pesada…
«Pero tampoco se le dan a una oportunidades como ésta muy seguido», piensa Julia.
Y parten los tres moviendo la cola, en dirección a la casa de Marga.

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