“Los Nuevos” – Novela de zombies por partes. (31/35)

Marga…

A los ocupantes de la combi de Canal 11 les preocupa llegar lo más rápido posible a casa de François, por la seguridad, la lejanía, y las armas que seguramente debía tener. Otra cosa que preocupa, pero en este caso sólo a las mujeres, es de qué manera se verá modificada su situación personal una vez llegados a destino: si los dos hombres no las necesitan más, tranquilamente podrían hacer con ellas lo que quisieran, precisamente, por estar lejos de todo y de todos.

Hasta ahora, Soraya y Marga no han podido hablar a solas, pero por los cruces de miradas que intercambiaron, se diría que están de acuerdo en que permanecer junto a Marcelo y a François es lo menos peor que podría ocurrirles, sobre todo, después de haber presenciado las horrendas muertes del resto del grupo. Además, Marga tiene el pálpito de que Marcelo no es tan odioso como aparenta. Lástima que si lo consultara con la psicóloga, ésta le contestaría que en los grupos humanos, el común denominador suele rebajarse hasta el nivel del más inmoral de sus integrantes…

No es de sorprender, pues, la alegría que inunda a las mujeres cuando ven que el vehículo que acaban de rebasar —y las chicas vieron luego alejarse desesperanzadas—, ahora los sigue de cerca y les hace señas de luces.

―Nos hacen señas. Deben querer que frenemos.―sugiere con inocencia fingida, Marga a François, que es quien conduce, pero éste se limita a mirar por el espejo retrovisor, sin disminuir la velocidad. Soraya mira la escena, compungida al ver cómo se van deslizando sus esperanzas por el rugoso caparazón impermeable del francés, pero no atina a hacer nada. La periodista, en cambio, gira hacia donde está Marcelo, que permanece sentado en el asiento del acompañante, y le ordena:―Decile que se detenga. Tiene que detenerse. Nos pueden ayudar.

―No necesitamos su ayuda.―contesta el aludido.

―¡Cállate, mujer!―dice el otro.

Animada por la gravedad de los acontecimientos, dispuesta a no perder la única oportunidad que tal vez tengan de salvar sus vidas, Marga se arroja sobre el conductor, lo agarra del cuello con los dos brazos y comienza a zarandearlo, para hacerle perder el control del vehículo. El francés, sin inmutarse demasiado, sujeta el volante con la mano izquierda, mientras se defiende a golpes de puño, con la derecha. Algunos puñetazos dan en el techo de la camioneta, pero otros, aciertan en la cabeza o el omóplato derecho de Marga, que está a punto de desfallecer del dolor. Marcelo mira la situación, a punto de tomar parte, pero Soraya se le anticipa: aprovechando que Marga tiene ocupado al francés, salta entre los dos asientos delanteros, sujeta el volante y lo hace girar con todas sus fuerzas. La camioneta gira bruscamente, derrapa unos metros por el asfalto mojado, pero vuelca y de inmediato da un par de tumbos sobre la carretera. Adentro, ninguno de los cuatro —las chicas, por razones obvias— lleva el cinturón de seguridad puesto.

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