Borges

Borges…

Ajenjo
se escurre
de su sonrisa amable
El lenguaje se le desprende
caricia lluviosa
y capital
que refresca este deshidratado follaje
(la humildad no quiere salir de su escondite matinal)
¡cuánta sabiduría de roble nadando!

Sólo me quedan los ojos, pobres marcas
de humanidad desbaratada de mi joven ser
astillas tímidas
que quieren aprender
de tus ojos
otros, acuosos, libres, libres,
¡Borges!
Eres mi abuela y mi padre,
eres el aire
y toda esa suave sonoridad sajona
llena de agua y de albahaca
¡Basta de aprender!

¿Cómo avanzar hacia atrás habiendo presenciado tu canto?
…el calibre claro de tu boca liviana que enseña
y mi corazón comprimido por la comprensión…
y por la ingenuidad de tu mirada azucarada

¡¿Cómo ser poeta, ahora?!
No se trata de gastar tinta
ni electricidad
ni de aprovecharlas
no se trata de la posteridad,
ni de la precisión
¡se trata de vivir en las palabras!

(Desde aquí abajo me gusta rozarles la pancita blanda y blanca a tus palabras
–de contrabando, sí–
con mis oídos y mis entrañas
a tus palabras voladoras
con mis oídos
y la yema inocente de mis dedos…)

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