soy puto

soy puto

sí, soy puto

me gusta abrazar bebés y hablarles con voz de idiota

sí, soy puto

me gusta tener miedo

(vivo con miedo)

(con quién?)

(miedo. después te lo presento…)

sí, no soy macho

soy puto

(aunque hay putos mucho más machos que vos)

soy puto

me gusta la armonía

me gusta que no haya violencia

me gusta evitar los conflictos

soy puto

como…

(sócrates? no, él sólo tenía sexo con niños)

como gandhi

(mejor…)

como buda

(va queriendo…)

como yo

(como vos)

bien puto

con una sola diferencia

(o, bueno, cuatro)

yo, sé

yo, aguanto

yo, hago lo que debo

yo,

me

cojo

al

miedo.

Voy siendo como siento (8)

Conocí Tarija. Horrible ciudad. Pero tierna, humana y, sobre todo, cercana…
Turista desprevenido, me cacheteó su fealdad, pero aun así, la sentí más próxima que a mi admirada Buenos Aires.
Tarija y su api, sus pastelitos y su sopa de maní, Tarija y sus humitas asadas, dulces y tibias como el amanecer de Tarija; siempre con sus cholas y sus perros parias revolcándose en el viento, en el polvo y en el tiempo…
¿Qué es Tarija?
No una ciudad, ciertamente, más bien una mano abierta y ajada que la Pacha tiende a sus hijos hambrientos. Mano infinitamente generosa, pero vacía.
Tarija y sus habitantes de barro, pedacitos de humanidad tostados por el sol, abriéndose camino a machete por entre la carne de la tradición, forcejeando adormecidos entre el sabio antaño y el facilismo del hoy, escamas azucaradas de una serpiente que no cesa de mudar su piel.
Mas no me confundo…
Todos ellos, peces en el agua.
Toda Ella, Tarija, camuflada en la montaña.

He conocido muchas poblaciones (nunca serán demasiadas) que se recostaban en las serranías o que jugaban, con pereza, a las escondidas en la montaña… Todas ellas, iguales entre sí.
Como las personas.
Distinto nombre, quizás, pero no me engañan, a todas las peina el mismo viento, las nutre igual raíz: todas suspiran atadas al universo (…más que a las nacionalidades!)
No hace mucho me enseñaron eso,
entre mate y mate,
entre verso y verso…
por eso mi libertad, sin herrumbre,
sabe ahora desplegar sus alas,
y por eso mi mirar,
-más que visión, latido-
abraza a todo
y se aferra a nada…