acierto

“acierto”

a los cuarenta me vengo a enterar que soy adicto a la dulzura…

a tu dulzura, verde y luminosa,

a tu sonrisa hermosa

que soy adicto a contradecirme, buscando desaparecer en el universo,

o en tu piel,

que es lo mismo…

recién ahora me doy cuenta de que sí existe el error: el error es no besarte, no mirarte, no abrazarte.

pero también existe el acierto:

estar aquí y en este preciso momento.

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yo de nuevo

“yo de nuevo”

 

otra vez

otra vez dando yo las gracias

debiéndoles tanto a los días

tropiezos

hermanos de sangre

melodías

ho’oponopono hecho de alcohol

de (s) amor

y de sangre

otra vez

enterándome tarde

creciendo entreverado

persiguiendo el desatino

incansable

otra vez

tratando de morir

para

yo mismo

resucitarme

soy un tubo

“soy un tubo”

soy un tubo

no soy nada

un tubo

por él, pasan caminando

Janis Joplin

la noche santafesina

nuestros ojos sedientos

repetidos desde el inicio de los tiempos

la responsabilidad pisoteada

la autodisciplina ninguneada

el pos-amor

por mí, pasa la historia

cual caldera hirviente

y soy el sol y soy el puente

la humedad

las bocas reprimidas

los abrazos desde hoy

todas las finas copas de cristal San Carlos

volando a través del balcón

enseñándonos el para siempre

hasta la última sobreviviente

recién después

“recién después”

La música va primero. Recién después, el cerebro.

Camino por la música con un porrón en la mano.

La ciudad es música.

Cada persona, una nota.

O un silencio.

Instrumento maderoso del universo, mi cuerpo.

Mi piel, ojos del universo que lo ponen contento.

La música va primero, recién después el perdón.

La sed, el calor, el cemento, todo es envoltorio.

La música va primero, recién después, el amor.

inexistente y paquidermo

“inexistente y paquidermo”

no querré saludarte cuando

apenas conocerte

mañana

me voraginen a primera vista el corazón tus ademanes

ni querré mensajearte

siete veces por segundo

después de la cita que jamás tendrá lugar

vano intento de extirparte de mis días

para siempre

vos y tu conversación imantada

el olor a manteca y pan de tu mirada

tu cuerpo anudado a mis ojos

mordisqueándose con el mío en el suelo

en sendas mentes extasiadas

en el futuro inexistente y paquidermo

donde no he de buscarte

hasta no necesitarte

hasta no olvidar el contorno cristalino de tu andar

convertido en mi camino

la invitación subliminal de tu ombligo

asesino

hasta volverme aire

para que no puedas atraparme

y como nunca he de cruzarte

por suerte

no habré de extrañarte