Ya no soy yo (03)

Ya no soy yo…

«Quien pega primero, pega dos veces”; “Matar dos pájaros del mismo tiro”… me chocan esos refranes violentos… pero cuánta razón tienen! Las “primeras veces” se graban a fuego en nuestra niñez. Son los señaladores en el libro de la infancia, el índice inobjetable en los anales de nuestra existencia.

Los niños lo admiran todo, pues todo es amanecer para ellos, que son rocío. Sin embargo, la novedad puede ser infinita si uno se lo propone, aunque ocupa mucho lugar y nuestra mente no suele dejarla entrar…

Estará muy contento don Nietzsche con su verdad, pero a mi me pesa que nuestra mente sea martillo, antes que curiosidad.

[¿De quién hablo cuando hablo de mi mente? ¿Acaso no es ése el mejor ejemplo de que no somos algo, sino multitud? La consciencia… Bendita consciencia… ¡Gran error del universo!

No importa. A fuerza de (in)consciencia o voluntad, uno se vuelve artista.]

Personalmente, apunto a ver todo lo que me rodea como si aún fuera el niño de hace veinte o treinta años, resetear, no la memoria, ni la experiencia, sino la percepción de lo que me rodea. Busco ahuecarme como el cauce vacío de un río de deshielo que se acerca, al que sólo podré recibir plenamente si me ofrezco a él con admiración, no porque sea la primera vez que sucede la primavera, sino porque ningún invierno es igual al anterior. Como adultos, los que envejecemos no somos nosotros, sino las cosas que nos rodean porque las vemos sin admiración ni curiosidad. ¡Nos vanagloriamos de la infinitud del cerebro, o del ser humano, pero nos tapamos de coladores filtrantes como si fuéramos a estallar de realidades! ¿No será mejor andarnos sin filtros? (“Mis manos, brutas como esponjas”) Ser el cauce que acepta el barro, con la misma actitud con que acepta la frescura del agua, el vaso sanguíneo de naturaleza abismal, que acepta tanto las semillas de la flora que desciende corriente abajo, como la muerte hecha rana o paloma, acompañándolas, volviéndolas fertilidad…

Para ir más lejos, podemos propugnar la apertura absoluta, aunque no exista. Aunque sea imposible… ¿Cómo sería una persona que “corroborara” con todos los libros que le caen en las manos? ¿fútil, filosa o falsa? ¿sabia?

…En las relaciones interpersonales se da exactamente lo mismo…

¡¿Y QUÉ SON LOS LIBROS, SINO “OTRAS” PERSONAS?!

(Y, ¿qué es la biblioteca, sino una otra sociedad?) Leer es como ir a una reunión, o como tomar mate con alguien…, leer es relacionarse con alguien, en el sentido de la propia experiencia, es decir, para con uno mismo. Los libros son personas en nuestra vida. Lo sabés mejor que yo…

Que acudan en mi ayuda dos enormes escritores:

Ernesto Sabato, por un lado, dice que cada momento que no pasó él con un ser humano, fue un momento perdido en su vida, incluso aunque se lo hubiese dedicado a la literatura. Adolfo Bioy Casares, por su parte, dice que las personas más inteligentes que pisaron y pisan la Tierra son los escritores…

Aunque parezca lo opuesto, ambos se apoyan mutuamente en sus afirmaciones: pues Bioy elogia, en realidad, la sensibilidad y la percepción del escritor, sus ojos conteniendo el universo, el fuego que palpita en su rutina y se convierte en estalactita al bajar por las yemas de sus dedos… Recién al final de la fila, llega cansada la tan nombrada “capacidad del artista” para volcar aquello que ve y siente sobre el papel… mal o bien, pero siempre pensando en el otro, que es la maldición del escritor, el infierno del artista: soportar las espuelas de la hipocresía a horcajadas de su sensibilidad.

Nada hace más sensible a Sabato, que su imposibilidad de dejar de escribir, que su añoranza de oso polar en el cautiverio literario: “¡Quiero salir!”…

Pero escribir no es la pena. Arte es vida. Si hacer arte chupara energía, no me aniquilaría el sueño ponerme a escribir poesía…

Ahí está lo bueno de la lectura: uno se relaciona con seres humanos inmensamente observadores y sensibles, que, encima, manejan el lenguaje como domadores de circo, o encantadores de serpientes… y aunque este relacionarse no se produzca más que unilateralmente, la moneda tiene dos caras: al lector, el enriquecimiento le funciona como si fuera bilateral, y al escritor, en última instancia, no le interesa: él simplemente escribe porque no puede dejar de hacerlo…

Cada ser humano tiene algo para contar, es profundamente sabio en sus cuestiones y más que observador para lo que es de su interés, pero no todos pueden exteriorizar su ser como lo hace el escritor… que enseña mucho más que un vecino promedio, que un docente promedio, que un compañero de trabajo promedio… pero, además, también puede abrazar.

No estoy diciendo que leer sea preferible a hacer sociales, sino simplemente, que es altamente aconsejable leer. Y que, al fin y al cabo, no es mucho más diferente de hacer sociales.

Eso es todo.

Los autores que más amo son los más parecidos a mí, en sus cosmovisiones, en mi mí mismo.

Yo soy él”, a eso se refiere Henry.

Ya no soy yo (02)

Ya no soy yo…

Ya no quiero vivir de la literatura. Te lo dije: Ya no soy yo.

Ahora soy una enorme pelota de playa que galopa en las olas alejándose de la ciudad. Pelotaltamar, con ninguno de sus gajos pintados: a través del plástico se ven las sonrisas de las nubes, a través de poros blancos se escapan mis ansiedades a buscar sus bastones en otros lares.

Quiero ser nadie. Y lo soy.

Quiero no tener razón. Y no la tengo.

¡¿Qué mejor?!

¿Tener razón?

Es literatura. No hace falta.

Aquí en altamar, dentro de la niebla con mano, la vida es literatura: ya no hacen falta muchas cosas… No, no estoy pensando en palabras grandilocuentes como Justicia: la vida no es injusta, simplemente es impersonal.

Hubo un tiempo en que me desgarraba el ser entender que a la vida no le interesa en lo absoluto quiénes somos. Mi cerebro pateaba latones en los rincones, y se hacía el guapo acompañado, pero cuando estaba solo, lloraba todo el día. Si tratamos de agarrar con las neuronas, jamás comprenderemos cómo puede ser posible que al universo no le importemos ni un ápice; que el que hayamos nacido, suframos y muramos lo tiene perfectamente sin cuidado. Acaso allí radique nuestra errónea percepción de injusticia: la balanza trasnochada en la que nosotros seamos nada para el Universo, que precisamente lo es todo para nosotros… ¡Nosotros, que lo único que conocemos es a nosotros mismos! Gritamos a los cuatro vientos que existimos, nadie nos oye, y luego morimos. ¿Se puede pensar un castigo más cruel que éste? ¡Ay! …Pero está el arte…

Está el arte. Y nada existe más personal que la literatura, que el arte en general, mientras que la vida… ah, la “Vida”…

En el preciso instante en que nos apartamos del arte, comenzamos a personalizar nuestra existencia mediante etiquetas afiladas, esto es lo que nos dijo el zorro de Saint-Exúperie con su sabiduría animal, pero empleando una palabra mucho más terrible: “domesticar”. Etiquetamos-domesticamos el universo con nombres propios para desempañar el vidrio del sinsentido mientras nuestro colectivo corre irrefrenable por una carretera nocturna.

Y sin chofer.

Y siempre viajamos solos, en el colectivo. A cada quien le toca escoger sus propios fantasmas antes que se los enchufen por él.

Fantasmas, etiquetas, injusticia. Y, sin embargo, todo es viento en la humanidad. Las influencias, la anarquía, la celeridad, brisa o tempestad, todo es viento. No lo podemos agarrar. Pero nos empeñamos en etiquetar. Y es que una sola etiqueta no basta: un cargamento de esquelitas de heladera alcanza para prefigurar una personalidad tanto como las líneas falsas de un mapa escolar enmarcan el mar. Y sin embargo… a veces buscamos nombrar para acariciar, pues tampoco podemos acariciar el viento.

Dicen que lo que no se puede explicar, no se comprende del todo. Adhiero a esta aseveración, pero aclarando que la música, la poesía, y las demás artes, también explican… y no necesitan de la precisión fría y antisocial del lenguaje-bala. Entonces, ¿cómo explicar-acariciar sin nombrar-etiquetar? Fácil: como se toca el viento, aunque no se pueda apresar.

Conozco personas que protestan por todo. Todo el tiempo se están quejando de algo: que hace calor, que llegan tarde, que falta mucho, que tienen hambre, questo, quelotro… ellas buscan apresar, son Occidente hecho carne. Afortunadamente, también conozco otra clase de personas –mucho menos numerosas, es cierto, pero existen– que no se quejan nunca, que se contentan sin conformarse, que cierran los ojos para sentir la brisa de la vida.

Como los niños y los perros.

Los perros y los niños lloran, exigen, resignados se apagan, se encienden enfurecidos, nunca se quejan. Me entristece oír a niños quejarse: son adultos en miniatura, cuyos padres seguramente se quejen el triple.

Occidente hecho carne: el pensamiento occidental, basándose en la premisa de que “nombrar es conocer”, se tilda de complejo, organizado y moderno, respecto de los demás pensamientos, mucho más místicos o rezagados, pero en realidad, obedece a un proceder facilista. Quiere todo ya. (¡Ojo! Yo también “quiero todo ya”, pero son dos ya diferentes: el mío es el de “ahora, yo también, plis, porque después me voy y no vuelvo, …pero si no hay, no importa!” …mientras que el de Occidente es el de “YA mismo, y Siempre, y Todo, para mí solo y para nadie más.”) Busca definiciones para todo y a todo intenta etiquetar.

Prefiero el agua del mar.

Pero hay formas bellas de nombrar: tocando, por ejemplo, sin agarrar. Fotografiando, sin cazar, ni matar, ni enjaular. Por otro lado, las definiciones, si no van de la mano de ejemplos, no son definiciones, sino bizantinismos posmodernistas. Pongamos como ejemplo el Arte. Occidente quiere definir el Arte. Todos buscan definiciones que puedan pronunciarse sobre cualquier objeto y determinar si el mismo es arte o no es arte. Sin embargo, me parece que plantean mal el asunto: acaso la definición más sabia sea la que, aun siendo definición, no conteste a todas las preguntas. Los estudiosos pretenden tomar un pedazo de cerámica de alguna supuesta vasija de una excavación y enchastrarla con su propia definición de arte: “este pedazo de cosa ES arte”. “Este otro pedazo de cosa NO ES arte”. Necesitamos apertura, necesitamos mirar más, agarrar menos. En efecto, necesitamos una idea que nos permita diferenciar “arte”, de “ventana”, de “cabello”, de “zorrino” y de “atardecer”, pero que posea la humildad de decirme también: “No sé si este pedacito-de-cerámica-que-tal-vez-fuera-una-vasija es o no es arte. No lo sé. No puedo saberlo. Y no necesito saberlo para disfrutarlo, ni para soñar con las manos que lo moldearon, o con la eternidad, ni para cuestionarme acerca del sentido de la existencia.”

Acudiré a uno de mis escritores predilectos para condimentar la idea de definición humilde o sabia: el inmenso exponente humano que fue Henry Miller, cita a otro grande, Krishnamurti, para decir que “lo que queda definido, queda muerto”. ¿Ves la diferencia entre las definiciones occidentales y las humildes? Tal vez por allí esté la clave de por qué Occidente quiere nombrarlo todo a botinazos: porque la muerte es el control supremo sobre algo. La vida es movimiento, cambio, rebeldía, libertad.

[No puedo evitar una digresión: Por favor, si todavía no leíste a Henry Miller, no lo hagas hasta unos cuantos años después de haberme leído a mí; de paso, si ya estoy muerto, mejor: él ya lo ha hecho todo, a mí sólo me quedaba el suicidio, o gastar toda esta energía… sea en forma de tiempo, de papel, o de electricidad… ¡Bah! ¡Patrañas! Él hubiera querido que me leyeras a mí, y a él, y a ti mismo y a la vida que leen tus ojos con o sin tu presencia… después de todo: ¿para qué leemos, en todo caso?, ¿te lo has preguntado alguna vez? Sea como sea, ya Dios-Miller ha escrito algo como esto mil veces mejor, y mucho antes. Lo que sigue no se trata más que de una re-escritura desdichada y tercermundista. ¿Que por qué lo hago entonces?, ¿que por qué escribo? Escribo por la misma razón que vos estás leyendo esto…, además de improbable, suena algo extraño, lo sé, pero es la verdad. Puede que seas editor y estés leyendo esto porque algún tarambana te alcanzó el “manuscrito” y te ves obligado a hacerlo… o que, guiado por la curiosidad, hayas bajado el archivo desde Internet atraído por alguna extraña razón… o puede que seas una minita que me gusta a quien yo he extendido el archivo en LibreOffice para sorprenderla o conquistarla… pero también puede que seas un escuálido ser olvidado e híper-sintiente que halló este ajado libro en el rincón más húmedo y frío de una biblioteca de viejo que visitaba por primera vez, diez años después de que yo hubiera muerto (y en este momento, si éste es el caso, o por las dudas, acabas de volver de atisbar la fecha de edición en la última página del libro, para calcular mi defunción… o lo habrías hecho, te lo aseguro, si por tus arterias corriera sangre ingenieril en igual proporción a la artistoide, como en mi caso; no se lo deseo a nadie.), …aunque pensándolo bien, no sé si estás leyendo esto por aquella razón o por alguna otra. Que tampoco tengo: elegí abrirles las jaulas a mis razones, construirles abrazos y mejillas inexpertas, dejarlas ir con el aire…

Henry Miller decía que uno lee para corroborar. Sé lo que significa, a fuerza de visitarlo decenas de veces en su casa de papel. Henry no quiere decirnos que somos intolerantes y sólo leemos lo que está de acuerdo con nosotros, ¡para nada! Hay una diferencia crucial y tornasolada, con tantos matices como el otoño recostado sobre el lomo de las hojas que conversan en mi patio, con el viento de la siesta… Henry llegó a la conclusión (¡dichoso él!) de que, al cabo de mucho explorar siempre terminamos por quedarnos con aquellos autores que más nos “tocan”, aquellos que nos llegan al tuétano del ser, aquellos de quienes más aprendemos; en definitiva, leemos a quienes sintonizan nuestra misma frecuencia, pues los entendemos mejor… Pero éste no es un movimiento del todo consciente, sino más bien un principio o una fuerza tan natural como la que mantiene unidas las parejas y las amistades: la comprensión, la admiración, el aprendizaje, en definitiva, el amor.

La admiración, sobre todo, abre los ojos como platos, espanta el tedio del aburrimiento y neutraliza los filtros. La admiración es el caballo pura sangre que nos lleva como jinetes de juguete por el circuito repleto de vallas-prejuicio a lo largo de nuestra vida, cada salto es un aprendizaje. Pero a no confundir, tú que lees, que no sólo se admira hacia arriba: está bueno aprender a admirar también para abajo, para el costado, admirar para afuera y hacia adentro, admirar todo, y para todos lados.

porque aprendo

No puedo dejar de escribir. Porque aprendo.

Lo que soy se va derritiendo desde el mismísimo vértice de mi pluma.

Me enseño.

Despacio y tratando de no conquistar acaricio el universo con mi cuerpo de hilo pequeño. Escribo siempre y –desde hace un rato apenas– tratando de no razonar. (No me sale.) Pero escribo siempre, igual. Y, aunque no escriba, escribo el mundo con mi mirada, como un búho en la noche escribe en el aire con sus grandes ojos el camino sin bordes que lo lleva al hogar. Sólo así me hago presente. Sólo así dejo de ser lo que era antes y no es que no me gustara, sino que prefiero la flexibilidad.

En la literatura, además de bordes agresivos, tampoco está la guerra, porque no existe la Verdad.

En mi tinta viaja todo lo que tengo de hombre, y todo lo que en mí es mujer. Pues no hay sexos, ni contrarios. Así como tampoco el mal existe, y no existe el bien. Origen y destino de todas mis transformaciones, siempre fue el papel mi mejor espejo, siempre fue mis amigos placenteros, mi vientre que llora horrores o que ríe sin saber, mi alter ego sin cuero, mi amada indiferente. Papel añejo, arrugado o demasiado blanco, papel con manchas de mate, alcohol o café, pero siempre cargado de tinta, como quien deja todo lo que tiene cuando no tiene nada que perder. Es lo único que no puedo arruinar a raíz de mi insistencia infantil o de mi ansiedad descomunal. Es mi cincel de alpaca, es mi instrumento musical, pero también el escalpelo con el que me escindo del rígido y craneal Occidente, poquito a poco, como quien se aleja en bote, sin remar.

Saciar mi insaciable sed con vergüenzas y desaciertos me ayuda a romper estructuras, y como cuando lo visitaba a Laozi, a mí también me visita el recuerdo de un buey, recuerdo que me interna en la espesura y me ayuda a utilizar cada vez menos la palabra romper.

No me resisto.

Ya no quiero tener razón. Mis alforjas van llenas de momentos… del tibio olor de mis mascotas… de la sabiduría del aikido… de tu recuerdo… de todos mis librepensamientos. Y así, más levitando y oyendo, que interrumpiendo, me alejo de lo que fuera mi casa acartonada, pues ahora me doy cuenta de que no existe, o no existo, o nunca necesité el techo, mi mundo es mi morada.

¿Qué es el Saber sin sufrimiento, sin goce, sin abrir los ojos también hacia adentro?

Escribo porque aprendo.

Y lo que aprendo no es Verdad, lo sé. Pues lo que aprendo es de piel …sangre …y huesos. Aprendo del invierno, de los humanos, de la muerte (de las aves), de la incultura de las plantas, de la tempestad. Aprendo.

Al mirar a una madre aprendo que soy imperfecto. Al abrir muchos de mis libros, prefiero ser animal. Aprendo de cada cosa y en cada lugar (yo sí), por eso me asfixio si no me interno en la inmensidad. Aprendo.

Aprendo que la tinta un día se acaba, y aprendo que no todo es voluntad y que por más que me desangre en ganas… a veces no es el momento.

Al despertar, respiro, observo, escribo. Recién luego existo. Sólo entonces me siento con el permiso necesario para jugar al juego de ir con la corriente, de encubrir el hecho de que mi corazón no existe si no es escrito por algún valiente.

(corazón)

Escribo porque aprendo. Para siempre consciente de que mis poros fueron árbol sabio; de que no pueden besar sin palabras mis labios… No somos más que vellos de un extenso cuerpo soplados por el mismo viento.

¡Error! Las palabras no son jaulas, y si lo son, la poesía ambigua las convierte en alas. (En ella, se disuelve el marmóreo Yo en un cuándo de algodones; en ella, se exaspera el lenguaje y deja de ser bala.)

Y aunque no existieran motivos para mis textos, razones en mis pies polvorientos para dejar su huella en el papel, yo seguiría escribiendo, porque tampoco hubo razones para nacer, y aquí estoy respirando y bebiendo cada día de la rutina –que ahora sí es mi amiga–, manifestándome, con mi extraño pincel converso.

Existen las causas, dirá el ingeniero, y lo acepto. Pero las razones de las que hoy hablo son movimiento.

Y yo escribo sinrazones.

Escribo sin razón, no porque no la tenga o porque no la encuentro. Ni siquiera escribo por placer. Escribo sin querer escribir, sin querer ser, sin querer. Como la luz diurna, como el devenir, como la sonrisa de la “a”, o las ganas de abrazar a una mujer.

Pero a veces escribo queriendo.

A veces quiero escribir como duerme el océano con sus peces dentro. Quiero escribir como transcurre el tiempo. Sólo escribir. Sin más pensamiento que el necesario. O con ningún pensamiento. Quiero escribir como siente el sabio. Quiero escribir sobre ti en mis abrazos. Pero mientras tanto, escribo como vivo: a veces triste, enamorado, tímido u orgulloso, …las más de las veces, escribo como un nabo. Pero escribo, aun sin lectores, aun sin porqués, aun sin menciones. Y siempre que escribo soy fuego para devolverle el agua al hielo. (Claro que sé que también el hielo es agua, pero te dije que estoy tratando de escribir sin razonar.)

En fin, soy humano y también soy haragán y manso. Sea como sea, escribo porque estoy vivo y mientras no golpee a la puerta el cartero cruel de las obligaciones mundanas, escribo. Al igual que vos, sea cual fuere tu arte, yo básicamente, escribo porque puedo.

A veces más satisfecho o más arrepentido, lo único que he aprendido fue a escribir “te quiero”.

d

De nominaciones e inmerecimientos…

Hola, queridos visitantes, no se preocupen, por esta vez no tendrán que aguantar mis intentos literarios, jajaja…

Hoy se trata de agradecer a Emociones Encadenadas y a Ritual de las Palabras porque me han nominado para los premios Dardos y Liebster, respectivamente. Reconocimientos bellos, por sinceros y desinteresados, puesto que buscan ampliar el público lector de nuestros blogs.

Aun cuando uno escribe simplemente porque no puede dejar de hacerlo, es una enorme alegría descubrir que muchos lectores están allí, atentos, gentiles, empáticos, siempre con los brazos abiertos… y por eso va el agradecimiento!

Bueno, para no robarles más tiempo, ni cortar el hilo, aquí van mis nominados a sendos premios… (mis elecciones apuntan a los recién nacidos, que están dando sus primeros pasos, pero también a los versátiles y abultados, con información interesante! Éxitos a todos en este viaje…)

Para el Liebster Award:

1. Aula de Filosofía de Eugenio Sánchez Bravo: http://auladefilosofia.net/

2. BIT PSI. Bitácora de Psicologías: http://bitpsi.wordpress.com/

3. Bluejeann: http://bluejeann.wordpress.com/

4. Cartujerías: http://cartujerias.wordpress.com/

5. hablantesconcausa: http://hablantesconcausa.wordpress.com/

6. los lunáticos son fanáticos de la Luna: http://letramusicaypoesia.wordpress.com/

7. la chica de los jueves: http://lachicadelosjueves.wordpress.com/

8. cON fINAL aBIERTO: http://confinalabierto.wordpress.com/

9. D-ale copilăriei: http://danaiana.com/

10. deseo indigno: http://deseoindigno.wordpress.com/

11. ePIDEmicas critiCONAS: http://epidemicas.wordpress.com/

12. Santiago Pérez Malvido: http://sperezm.wordpress.com/

13. deslizia: http://deslizia.wordpress.com/

14. Disparatada: http://vivianadisparatada.wordpress.com/

15. Jonás Fernandez Artista: http://jonasfernandez.wordpress.com/

Y para el Premio Dardos:

1. Blog de 道: http://petitcalfred.wordpress.com/

2. ¿Dónde está tu individualidad?: http://thebrooklynfollies.wordpress.com/

3. Existence! Le blog de Jean-Paul Galibert: http://jeanpaulgalibert.wordpress.com/

4. Niebla. Blog Literario del Círculo de Akanthos: http://blogniebla.wordpress.com/

5. DEBEDEHABER: http://debedehaber.wordpress.com/

6. el tiempo habitado’s weblog: http://eltiempohabitado.wordpress.com/

7. Otra con ojos cafés: http://milu05.wordpress.com/

8. poesiaparavivir: http://poesiaparavivir.wordpress.com/

9. Un gato en el año del tigre: http://fcatus.wordpress.com/

10. M.L.B. errante y errata: http://maialoschblank.wordpress.com/

11. enero11. Literatura para perder el tiempo: http://javtt11.wordpress.com/

12. tone kihara. Divagaciones y poemas: http://tonekihara.com/

13. Luna Quebrada: http://lunaquebrada.wordpress.com/

14. nadie nos entiende: http://nadienosentiende.wordpress.com/

15. El cuento de Saliary: http://saliary.wordpress.com/

Mucha idea de todo esto, no tengo, pero cuando eres nominado:

1) Sube un post con nuevos nominados según tu criterio (15 x premio), que contenga las imágenes que correspondan al premio al cual has sido nominada/o. Con enlaces a cada sitio recomendado.

2) Agradece a quien se ha acordado de ti. Con un enlace desde tu blog al suyo.

3) No olvides de avisarles a quienes has nominado con comentarios en sus respectivas bitácoras…

4) Disfruta, que la vida es una sola (creo…, jajaja)!

Saludos a todos!

DiegoMMF.

P.D.: Ahora que recuerdo, pido disculpas a Javier Trejo, de Enero11 , porque hace un par de meses me nominó para el Versatile Award y por colgado que soy jamás hice nada al respecto… (o no habré tenido el bendito tiempo!), sea como sea, Javier, desde aquí, mis disculpas y mi agradecimiento!

a través del arte

 

a través del arte

 

esto es bueno:

que tus ojos y mis ojos sonrían

juntos

en la memoria

(aunque estén mirando hacia otro lado…)

es bueno poder internarme en la sangre

huérfano de destinos

sin que por ello duela, ni espante…

ser velamen, historia, primavera

perderme en la azotea

al atardecer del dolor

ya sin la mohosa insistencia del lastre

sin la fiaca de vivir

(con la hemorragia)

(del para qué)

y, lo más importante,

sabiendo que tampoco me extrañas:

a ningún lugar, a ningún momento,

necesitar

volver…

es bueno ya no tener pesadillas

(salvo alguna visita de vez en vez)

y es bueno saber que puedo hablarte

a través del arte

y que me oyes

aunque ya no estés