inexistente y paquidermo

«inexistente y paquidermo»

no querré saludarte cuando

apenas conocerte

mañana

me voraginen a primera vista el corazón tus ademanes

ni querré mensajearte

siete veces por segundo

después de la cita que jamás tendrá lugar

vano intento de extirparte de mis días

para siempre

vos y tu conversación imantada

el olor a manteca y pan de tu mirada

tu cuerpo anudado a mis ojos

mordisqueándose con el mío en el suelo

en sendas mentes extasiadas

en el futuro inexistente y paquidermo

donde no he de buscarte

hasta no necesitarte

hasta no olvidar el contorno cristalino de tu andar

convertido en mi camino

la invitación subliminal de tu ombligo

asesino

hasta volverme aire

para que no puedas atraparme

y como nunca he de cruzarte

por suerte

no habré de extrañarte

lluvia ordinaria

lluvia ordinaria

 

Aire de invierno que cubre mi futuro:

(a veces, me gusta el invierno…)

no me arrastres hoy,

no me arrastres…

 

Hoy,

mi voluntad y mi temple se desprenden del poeta como rodajas de humo,

y caen

para ya no levantarse

(como los días vividos…)

 

Ventanal acerado de sueños que parecen ajenos,

…no me arrastres hoy:

mis músculos se han pasado al bando enemigo, mis ojos están polvorientos,

ajados…

no me arrastres…

 

A veces,

la música es de nubes livianas y delfines jóvenes que juegan a ser las olas mismas…

Hoy,

no.

Hoy,

los temas se me caen por la cabeza como pianos de bronce y salpican el suelo con mi cerebro viejo que se mezcla con la tierra de mis zapatos   …que no son de cuero.

Mientras,

mi corazón corre desesperado a refugiarse de tanto asteroide glaciar

(lluvia ordinaria)

…pero no lo consigue.

le escribo al mundo

le escribo al mundo,
y le aviso,
que no habrá de levantarse
sin mi permiso:
falta mucho para el mar…
antes,
deberá chorrear por sus talones,
sangre,
de camino a la fuente
del recuerdo de lo perdido para siempre,
sangre,
que es como decir
testimonio tibio de lo vivido
(y sólo de ello)
aquí
es donde mueren los monjes
y las vírgenes sientan cabeza,
aquí
es donde se recoge la desdicha a paladas,
donde se baña el leproso
y donde se aferran,
angustiadas,
las manos en llamas del último koala.
le escribo al mundo
con mis intestinos
y la valentía que me faltó cuando debí decirle que la amaba,
pero le escribo,
también,
con todo el fuego anti-destino que brama en mi mirada!
y,
mientras le escribo al mundo,
aprendo a nadar entre tus pañales sucios,
aprendo a tejerme un futuro incierto
con todos los niños que tu capitalismo me regala:
¡muertos!
pero también aprendo las mieses de ser nadie junto a ellos…
y,
mientras le escribo al mundo,
cual elegido,
pasando este solo mensaje
-de mano en mano,
de generación en generación-
aún incomprendido,
me obligás a vadear mi propia existencia
en pos de un pan
que no existe,
que siempre está en otro lado!
le escribo al mundo
porque estoy cansado del fútbol,
de todas las misas con sus sermones,
y de Mirtha Legrand!
le escribo al mundo,
como excusa,
para que ¡por fin! me mires,
para que mis perros no sigan muriendo…,
para que los presidentes dejen de engordar!
le escribo al mundo
porque no me gusta tu look
-prefiero caminar-
porque prefiero «estar» a «llegar»,
y porque tengo poco que decir
aparte de:
«Sigo vivo!»
y
«Cuenta conmigo!
…pero no confíes en mí!»,
porque mi transitar por el mundo
-a quien le escribo-
se conjuga en un «ir»
-como en «vivir»
y en «partir»,
y también en «morir»-.
pero le escribo al mundo,
sobre todo,
(y a falta de un bien mejor)
para que, al faltarles su verdad,
mis nietos
hallen escrita
-aunque más no sea en mi epitafio-
la palabra

AMAR.

hoy

Ya no hay espera en la nervadura del tiempo.
Sólo música y momento…
Ya no hay un pecho hambriento.
Sólo agua y silencio…
La clorofila de tus ojos decora con aves el recuerdo de un pasado violento.
En el hospicio, cada paciente ha colgado su uniforme,
y ahora baila con la comisura de sus labios,
sin nombre, sin movimiento…
Esto no es un túnel, no una cueva,
ni una sala de espera…
Esto no es sino el ayer florecido, mis manos sin escudo, mis ojos de anti-futuro.