Virulencia Virtual Positiva

A los holgazanes que están genéticamente imposiblitados de leer más de cinco renglones seguidos, les tiro de una el mensaje:

Si nos informamos, tenemos más chances de responder activamente ante un obstáculo, sea para contrarrestarlo, destruirlo, o construir una opción alternativa. Sin importar la naturaleza ni el origen del obstáculo, sea cual sea, lo que usaremos INEXORABLEMENTE para atravesarlo es la información. La banalidad no crece en las plantas. La idiotez y la ceguera, tampoco. Nosotros las creamos y las desparramamos. Por eso, la próxima vez que recibas una cadena que sea «linda», pensalo dos veces antes de reenviarla: Mejor ocupar el tiempo informándote e informando. No se trata de andar desparramando calmantes, sino antibióticos. Conocimiento.

¿Te afecta que haya personas como vos y como yo muriéndose de hambre, frío, enfermedades o cualquier otra consecuencia evitable? ¿Te afecta que tantos empresarios y gobernantes se aprovechen de la ignorancia o la desinformación para obtener dinero malhabido a expensas de todos nosotros y del medio ambiente? ¿Te afecta tanta contaminación? ¿Tanta crueldad animal? ¿Tanto sufrimiento? ¿Tanta muerte en general?

¿Qué hay de tus hijos? Si los tienes o quisieras tenerlos, ¿no te molesta ni por un segundo que se vean expuestos a tanta violencia, tantas injusticias, tantos riesgos, tanta desigualdad de oportunidades, tanta incertidumbre?

Son millones los «inconvenientes» que afectan nuestra estancia en la Tierra. Cuantitativamente, son incontables, pero Cualitativamente, no son tantos:

  • Están los problemas que afectan a los seres humanos. Sea individualmente o en su conjunto.
  • Están los problemas que afectan a los seres vivos no humanos. Y, por ende, a los humanos, porque viven de ellos.
  • Y, por último, se encuentran los problemas que afectan al ecosistema no vivo.Pero que, por ende, afecta a los seres que (sí) viven en él, humanos incluidos, directa o indirectamente.

¿Ven? La naturaleza es una sola: Problema es algo que nos afecta a nosotros como humanos.

Además:

  1. Cada problema tiene un responsable. Un origen. Una causa.
  2. Cada problema proviene, entonces, de algún lugar. Y este «lugar» es nuestro Interior, psíquico o fisiológico, o el Exterior: afuera de nuestra piel. Y aquí entran, seres seres vivos humanos y no humanos, y el resto del planeta.
  3. La causa, entonces, sea por azar, inconsciente, intencional, o consciente, y todas sus combinaciones, obedece a un funcionamiento, a un procedimiento o comportamiento, que puede ser, en la inmensa mayoría de los casos, neutralizado, desarticulado por medio de la acción.

Hay una respuesta: La INFORMACIÓN.

Podemos modificar nuestra vida en el planeta si identificamos cuáles son las cuestiones más básicas que crean tanto problema. Aclaro: No estoy simplificando. Estoy seleccionando, jerarquizando. Me animo a alzar una voz racional y con peso argumental, en este vórtice de superficialidad descartable en que navegamos.
Es sencillo.

Izquierdas o derechas, ideologías en el sentido estricto, no tienen nada que ver  con esto. Es una cuestión de en qué mundo queremos vivir, y en cuál, no.

Si nos informamos, tenemos más chances de responder activamente ante un obstáculo, sea para contrarrestarlo, o destruirlo, o sea para construir una opción alternativa. Sin importar el origen del obstáculo, lo que funciona es la información. El conocimiento.

Si el obstáculo es no humano. La información. Si es humano. La Información.Si nos informamos, menos personas serán capaces de meterse en nuestros bolsillos o en nuestra mente, sin nuestro consentimiento, al menos. Si nos informamos, sabremos cómo vivir mejor nuestras propias vidas.

Y, con todo esto, lo que quiero decir es que, además de informarnos. Tenemos que informar. ¿Sin filtros? ¿Sin prejuicios? ¿Sin dirección? No importa. Lo que importa es que informemos.

Y no cuesta nada: ¿Ves algo interesante en Internet? Postealo en tu blog. Compartilo por facebook. Mandalo por correo electrónico. Pero no hablo de esas cadenas idiotas. No hablo de mística ni de azar. Hablo de acción. Hablo de conocimiento.

La banalidad no crece en las plantas. La idiotez y la ceguera, tampoco. Nosotros las creamos y las desparramamos. Por eso, la próxima vez que recibas una cadena que sea «linda», pensalo dos veces antes de reenviarla: Mejor ocupar el tiempo informándote e informando. No se trata de andar desparramando calmantes, sino antibióticos.

Un humano como cualquier otro

ginóbili
(Abstenerse las personas fotosensibles)
Argentino como cualquier otro, es lo que Ginóbili (Aquí, querido lector, ponga el apellido de la estrella deportiva que Ud. desee) es. Por qué pasan más en los medios de comunicación sobre sus «hazañas» en la NBA, que prácticamente sobre todos los demás deportistas de todos los demás deportes? (Descartando a Maradona, por supuesto, que ya hace tiempo superó la categoría de “deportista” a secas)
Ha sido imbuido de un manto de misticismo que lo cubre y lo llena de atributos que esta sociedad necesita, pero que como única manera de hacerlos existir, posee nada más que esta forma de la que hablamos: La proyección. O, lo que es lo mismo, cubrir determinados personajes escogidos por azar (o capricho de quienes ostentan el poder de hacerlo1), con sueños y esperanzas comunes, y de igual manera, alimentarse de los logros de esos pocos “elegidos” y tomarlos como (falsos) propios… ¡Por eso significan tanto, por ejemplo, los mundiales de fútbol en nuestro país! Y por eso, aquella final contra Inglaterra tuvo tanta trascendencia: porque nos ha ganado una guerra, …pero nosotros, ¡necios! …nos alegramos de ganarles un mundial…
Tiene mucho que ver, este tema de los mantos de misticismo, con nuestra infancia:
En la primera edad, cuando aprendemos que somos personas individuales (que no somos uno con nuestra madre, que podemos movernos con cierta independencia), clasificamos los objetos separada e independientemente de sus categorías convencionales, me explico: de grandes, tenemos una categoría que encasilla todos los “elementos que tienen determinado número de patas, son planos, y que sirven para trabajar, comer, y otras yerbas…” y dicha categoría es “MESA”. Pero los niños más pequeños no conciben las “mesas” como todas pertenecientes a una misma categoría globalizadora, sino que las comprenden como mesa-mía, mesa-de-Carlitos, mesa-de-la-cocina, etc., etc., etc., … Y así con todos los objetos: juguetes, ropas, perros, autos, padres…
Irrisoriamente, ya de grandes, volvemos a comportarnos de igual manera: Con Ginóbili, Maradona, Borges, Fangio, Gardel… y nos pasa eso en gran medida porque como Sociedad, somos tratados cual niños2. Ellos son/fueron, antes que ninguna otra cosa, ellos mismos! Debemos darnos cuenta de que nuestros amigos, nuestros ídolos, adversarios, referentes, …, son seres humanos como cualquier otro! (y no solamente “de palabra”, no tenemos que entenderlo, sino que nos tiene que “caer la ficha”, como quién diría… porque una cosa es saberlo y otra cosa es “darse cuenta” de ello). Pues no es tan común, a pesar de que parezca lo contrario, que cada uno se dé cuenta de que la persona que más ama -u odia, o lo que fuera-, antes de ser «esa-persona-relacionada-a-mí”, es, ella misma, un ser existencialmente autónomo, para ella misma, recién después de eso es mi ser amado… u odiado… o admirado… o lo que fuera! Creamos lo que creamos, a veces nos salteamos esta realización como parte del proceso evolutivo de nuestra psiquis.
Por lo tanto, cuando hablo de que Ginóbili (repito, léase Nalbandián, Messi, etc., de acuerdo al gusto del lector) me tiene con las bolas por el piso, me refiero a que pareciera que los medios explotan la inmadurez de sus espectadores, de su audiencia, o lo que más se le parezca, según el caso… y me joden cosas como la idolatría, o el silencio de los medios respecto de los demás casos del deporte pero en la Argentina: no divulgan las acciones de los deportistas que, a duras penas, pueden llegar a fin de mes trabajando en cualquier cosa menos de su vocación, ¡no! y en lugar de eso, hacen hincapié en el seguimiento de los deportistas que son multimillonarios, contribuyendo al mundo irreal que se forma en las cabezas de quienes consumen ese tipo de prensa… esa que se pelea por decir, antes que otras, que Ginóbili es “¡el mejor deportista argentino!”.
No, no es envidia. Ni siquiera me gusta el deporte (más que jugar uno que otro partido de paddle, o ajedrez, o despejar mi cabeza con un trotecito esporádico)… Pero fíjense qué fácil que es: Al llegar las olimpiadas y darnos cuenta de que a pesar del potencial que tiene el deportista argentino (será por su sangre tan mezclada, por su costumbre de pelear por lo que quiere, única manera de lograr lo que uno se propone acá en nuestro país), a pesar de ello, no salimos ni cerca de los primeros puestos entre los países que más medallas de ganan (que no es lo mismo que sacar unas pocas medallas) …¡y nos quejamos!
Quejarse. Lejos, una de las cosas que mejor sabe hacer el argentino promedio…
No nos dejemos engañar más: Ginóbili no es el deporte argentino. Ni lo representa.
El deporte argentino está representado por las personas aficionadas que sudan hasta la última moneda que les permitirá viajar para competir en el extranjero. El deporte argentino es tener todo el potencial y NO LOS MEDIOS. El deporte argentino no es un solo individuo ganando millones de dólares -o euros- en publicidad, auspicios y demás yerbas, sino las delegaciones que tienen que andar limosneando en las casas de gobierno de la provincia o del Estado para que les subsidien los viajes, o vendiendo empanadas puerta por puerta como mucho! El deporte argentino no son los pumas, los que reciben un aporte multimillonario por parte de sus auspiciantes, y que juegan en todo el mundo -desparramados claro- sino los amateurs, que son llamados así no porque no tengan la capacidad ni el conocimiento, sino porque no tienen la posibilidad de dedicarse sin impedimentos monetarios, tiempo completo a su pasión.
Leo acá y acullá que Ginóbili es el mejor deportista argentino de los últimos tiempos (después de Maradona, claro, ¡tampoco es cuestión de ser hereje!). Bien. Lo acepto. No como vidrio. Juega bien, lo he visto… pero, oh, detalle…: ¡¡¡ya es multimillonario, vive en EEUU y ni siquiera juega para nosotros en los mundiales!!! ¿En qué medida, con qué parámetros puede, a estas alturas, compararse con un deportista nacional promedio? ¡Seamos sinceros con nosotros mismos!
¿Por qué no cubrir la trayectoria: de «nuestros chicos» que se quedan acá aguantando las inclemencias del «tiempo»?
Ginóbili y todas las «demás estrellas» que se van del país, no lo hacen para dejar bien al deporte argentino, para demostrarles al resto de los países lo bien dotada que está la Argentina de buenos deportistas, científicos, artistas, o demás… NO. Lo hacen por puro interés personal.
Y no está mal.
Pero no compremos el paquete que nos quieren vender estos medios de los que hablo.
Nuestros chicos, los deportistas que no tuvieron la suerte de los demás «viajeros», no pueden ser profesionales no por falta de talento, sino, por sobre todas las cosas: por falta de auspiciantes, por falta de fondos, y esa es la verdad. Y otra verdad es que si los grandes medios les dieran la cobertura que se merecen, los fondos aparecerían al instante… pues lo que los que publicitan en las remeras y raquetas, en los kayaks y los cascos, lo que quieren es que su producto salga en los medios. Prácticamente podemos decir, en base a la argumentación precedente, que los culpables del estado ruinoso del deporte argentino actual (descartando el fútbol, y aun en él, determinados círculos escogidos…) en gran medida, son los medios de comunicación.
Es un maldito círculo vicioso: Si los medios se concentran únicamente en la campaña de dos o tres equipos de fútbol, una selección de rugby y otra de hockey, un par de basquetbolistas y tres o cuatro tenistas, es lógico en extremo que una publicidad en alguno de estos entornos será de costos millonarios, mientras que todos los demás sectores del deporte permanecerán desiertos… pero sí los medios cubrieran muchos más deportistas de muchos más deportes, empeñándose de igual manera que lo hacen con Ginóbili, por ejemplo, (salvando las distancias de quien mucho abarca, poco aprieta), todos ellos tendrían auspiciantes en mucho mayor grado del que hoy tienen. Se terminarían anécdotas como la del maratonista muerto de hambre que atiende la zapatería del padre medio día, y el otro medio, se la pasa corriendo como inmigrante ilegal en busca de ese sueño de competir profesionalmente, con auspiciantes y todo!
Por más estúpidamente obvio que suene:
¿Cuándo entenderemos que NOSOTROS SOMOS NOSOTROS, y LOS DEMÁS, LOS OTROS?
Dediquémonos a nosotros mismos, sin perder el tiempo en chismes (de barrio, de la NBA, es igual!). Seamos. Seamos. Seamos.
Ginóbili es como cualquier otra persona, por qué cargarlo tanto con ansiedades, esperanzas, sueños, responsabilidades, y connotaciones varias de todo tipo. Al igual que todo el mundo… ¿por qué no abocarnos a nuestra vida y dejarnos de joder? ¿Por qué no perfeccionarnos a nosotros mismos, en lugar de identificarnos falsamente con la supuesta perfección o el concreto éxito de El Otro? …A lo sumo, debiéramos utilizar su figura sólo como ejemplo, pero no veo que se esté haciendo eso: en su lugar, los medios los reifican a estos deportistas. No hay conciencia. Nos quedamos aceptando ese semidiós, como nabos, frente al televisor, y no hacemos nada.
Maduremos, sepamos quiénes somos y démonos cuenta de que El Otro es eso: El Otro, y nada más (pero tampoco nada menos). Démonos, cooperemos, construyamos, boguemos por el progreso EN ESTA PARTE DEL MUNDO y dejemos de absorber sin más lo que nos mandan…!!!!!!!!!
Los medios masivos de comunicación son condicionables. Ya hemos dado un ejemplo. Sólo (en general) quieren dinero. Ergo, producirán lo que «venda». Por lo tanto, si dejamos de consumir basura, dejarán de producir basura!!!! Basta de echar la culpa al vecino…
ABRE LOS OJOS.
1Pero muy poco determinado por su mérito real, ya que cualquier deportista esforzado lo merecería, si nos ponemos a pensar en serio, y no sólo un par de cada mil…
2No, queridos lectores, no me estoy olvidando de la cuestión del Pertenecer (por medio de un objeto de Referencia a un grupo determinado), pero es que en este textito sólo quiero abordar el tema anterior… Esto da pie para una conversación mucho más larga, pero por ahora démonos cuenta que es así y las evidencias de que lo toman a uno por infante surgen al observar prácticamente todas las publicidades, los programas de entretenimiento, los discursos políticos… Si uno utiliza media neurona, enseguida descubre que insultan su inteligencia a diestra y siniestra.

«Odio a los indiferentes» (Antonio Gramsci)

Odio a los indiferentes. Creo que vivir quiere decir tomar partido. Quien verdaderamente vive, no puede dejar de ser ciudadano. La indiferencia y la abulia son parasitismo, no vida. Por eso odio a los indiferentes.

La indiferencia es el peso muerto de la historia. La indiferencia opera potentemente en la historia. Opera pasivamente, pero opera. Es la fatalidad; aquello con que no se puede contar. Tuerce programas, y arruina los planes mejor concebidos. Es la materia bruta desbaratadora de la inteligencia. Lo que sucede, el mal que se abate sobre todos, acontece porque la masa de los hombres abdica de su voluntad, permite la promulgación de leyes, que sólo la revuelta podrá derogar; consiente el acceso al poder de hombres, que sólo un amotinamiento conseguirá luego derrocar. La masa ignora por despreocupación; y entonces parece cosa de la fatalidad que todo y a todos atropella: al que consiente, lo mismo que al que disiente, al que sabía, lo mismo que al que no sabía, al activo, lo mismo que al indiferente. Algunos lloriquean piadosamente, otros blasfeman obscenamente, pero nadie o muy pocos se preguntan: ¿si hubiera tratado de hacer valer mi voluntad, habría pasado lo que ha pasado?

Odio a los indiferentes también por esto: porque me fastidia su lloriqueo de eternos inocentes. Pido cuentas a cada uno de ellos: cómo han acometido la tarea que la vida les ha puesto y les pone diariamente, qué han hecho, y especialmente, qué no han hecho. Y me siento en el derecho de ser inexorable y en la obligación de no derrochar mi piedad, de no compartir con ellos mis lágrimas.

Soy partidista, estoy vivo, siento ya en la consciencia de los de mi parte el pulso de la actividad de la ciudad futura que los de mi parte están construyendo. Y en ella, la cadena social no gravita sobre unos pocos; nada de cuanto en ella sucede es por acaso, ni producto de la fatalidad, sino obra inteligente de los ciudadanos. Nadie en ella está mirando desde la ventana el sacrificio y la sangría de los pocos. Vivo, soy partidista. Por eso odio a quien no toma partido, odio a los indiferentes.

Antonio Gramsci (1891-1937)

Conciencia de Sí (Parte I)

Nuestro comportamiento inconciente se manifiesta cotidianamente en nosotros de dos maneras: como causa, y como consecuencia.Nuestro inconciente se expresa como consecuencia de las fuerzas y circunstancias externas que nos hacen sentir y obrar de determinada manera, otra forma de expresión, son estas mismas fuerzas actuando como disparadores de nuestro comportamiento…Por ejemplo, la necesidad de sabernos existentes es causa de nuestra búsqueda de diferenciarnos de los demás, de nuestro comportamiento relativo al Pertenecer, en los diferentes grupos… así como la necesidad de entender lo que nos rodea es causa del surgimiento de las distintas religiones y de las disciplinas científicas y filosóficas…

Todos los procesos que enumeré permanecen completamente ajenos a nuestra parte conciente.

I

CONCIENCIA DE SÍ POR MEDIO DE LA BÚSQUEDA DE LA DIFERENCIA.

Cómo es que, (no) siendo (más que) tantos, pero tantos millones de células… somos “Uno”?Cómo es que nos creemos eso de que existe un grupo de miles de millones de células llamado Diego Maldini?Hablando de la edad, de la vejez: cómo es que seguimos teniendo consciencia de un “Yo-mismo” a lo largo de los años?Es decir, qué hace permanecer activa la memoria del Yo…?En el devenir del tiempo, no sólo hay UNICIDAD, sino también, CONTINUIDAD!!!

Qué es la Conciencia?Una representación abstracta que logra crear, transmitir, y hacer respetar por el entorno al grupo de células que mora y trabaja en el cuerpo?Iba a decir, grupo “independiente”, pero lo deseché pues no hay real independencia en un proceso que cuenta con flujo continuo de células vivas y muertas, en forma de alimento y excremento, entre otras tantas, entre el interior de lo que llamamos nuestro ser (comprendiendo cuerpo y mente), y el exterior del mismo.

Dónde?Cuándo?Y, cómo el “YO”, y su permanencia?!

Cómo la conciencia?, mierda!(Con razón existen las deidades!!!!)

El origen de la necesidad de ser Idéntico a uno mismo viene dado por el mismo principio que nos permite mantener con vida algo llamado Conciencia del propio ser.Esta conciencia es una forma de “memoria” que nos refresca lo que fuimos (hicimos, pensamos, sentimos, deseamos, …) segundos atrás, creando la ilusión perfecta de una continuidad, de una… CONCIENCIA DE SÍ, que prácticamente todos poseemos.Pero el mismo fenómeno que la hace posible, exige de nosotros que la alimentemos y reforcemos a cada instante…

La necesidad de alimentar y de reforzar, en definitiva, de mantener esta Identidad con uno mismo, nos lleva a cometer los peores y más torpes errores, dificultando muchas veces nuestra relación con el exterior.Uno de estos errores, y muy frecuente, es la soberbia:Algo en extremo lógico, viniendo de una cualidad intrínseca que por naturaleza vive para reafirmar nuestro Ser, el sentido de Nuestra Propia Existencia… esta soberbia nos vuelve sordos, muchas veces, a consejos o aprendizajes que pudieran funcionar como boletos al progreso personal, y con él, al progreso (en forma de Bienestar) social.

Tan profundo en nuestro ser mora esta “necesidad”, que una de las acciones más llevadas acabo a lo largo de nuestra vida es la búsqueda, conciente o inconciente, de circunstancias en las cuales poder re-afirmarnos (mediante, en muchos casos, la afirmación a El Otro): YO ESTOY AQUÍ, YO EXISTO.

Si bien ser original es una de las cualidades más apreciadas, a menudo la sacamos a relucir sólo cuando nos resulta más fácil: ante una sola persona; pues ejercer la autenticidad ante la sociedad toda requiere mucha valentía, determinación, y un convencimiento fuera de lo común acerca de la propia valía (lo que, en una palabra, llamamos: AUTOESTIMA).Esto, que podría entenderse como un alardear de uno mismo, no implica necesariamente tener plena conciencia de lo que se está haciendo, ni conlleva al ejercicio asiduo de la introspección, ya que hay maneras que representan precisamente lo contrario, como por ejemplo, la ostentación del poder mediante la fuerza, o demostrar que se está plenamente a la moda…

¿Cómo lo practicamos “fácilmente”? En las discusiones, por ejemplo:

Cuando debatimos con El Otro reafirmamos nuestra autenticidad (y por medio de ésta, nuestra propia existencia) contradiciéndolo – con o sin razón –, o asumiendo una postura perfectamente diferenciada de la del “adversario”… y ¡Ay, de nosotros, si El Otro da con la “verdad” antes que uno mismo! Pues cederle la “razón” – tal y como debiera suceder en dicho caso – nos despojaría de la originalidad que estábamos buscando: que todo el tiempo le estemos dando la razón al otro, quiere decir que nuestra “mente” va rezagada… y chau con nuestra independencia…!

Buscamos definirnos en la unicidad, ser únicos, pues allí nos encontramos mejor diferenciados “del resto”, de El Otro, y entonces se nos hace más fácil verificar la propia existencia, corroborar a cada instante que NO HEMOS MUERTO!!!

Ejemplos?… miles!

Podemos dar, para empezar, el de la madre que, a falta de tener cualidades que la hagan destacarse en algo de entre el grupo de amigas, busca sobresalir entre ellas esgrimiendo en conversaciones supuestamente inocentes, el talento de su hijo, en defecto del suyo propio…

O el complejo del petiso: dada la mayor estima que se le da, dentro de nuestra cultura occidental, a la altura (considerada inconcientemente como un bien escaso y apreciado, como ser con la belleza, la astucia, y ni que hablar del dinero!…), los petisos buscan hacerse ver demostrando poseer otras cualidades igualmente apreciadas, como ser la valentía, la viveza, y demás.

Cómo será de importante dar a conocer los bienes materiales y caracterológicos de que uno dispone, que hasta se manifiesta en las plantas, cuando observamos la profusión de colores que reina en la naturaleza; en los animales, cuando vemos a los machos luchar entre ellos o, directamente, seducir a las hembras para ganar sus favores…El equilibrio que se logra, y que favorece la diversidad, es maravilloso: otro ejemplo es la clara relación temperamental que podemos distinguir entre las razas de perros: las razas pequeñas son más histéricas e hiperquinéticas, mientras que las grandes, tienden a ser más reposadas, seguramente, debido a la seguridad que les brinda su porte, su fuerza, que eleva su autoestima (sí, lector, los perros también tienen autoestima).

Otro ejemplo válido con el que señalar cuan influenciados estamos por la necesidad de sabernos existentes a través de la diferenciación con El Otro, es el que tiene lugar entre los hermanos:

Los casos en que nacen de los mismos padres y/o son cuidados y criados en el mismo entorno presentan, sin embargo, también la necesidad o la búsqueda de la que venimos hablando, y es la que los lleva a diferenciarse de sus hermanos en todo lo que puedan, y se animen…, y así, surge otro parámetro – a menudo desestimado en las investigaciones – que es determinante del carácter y de las cualidades de una persona, y que viene a completar la lista, junto con el de los genes, el del contexto, y el del azar…

Procura, entonces, uno, siempre sobresalir entre su propia gente?… en su propio contexto?Ciertamente.

Sin entrar en contradicción con el movimiento opuesto que es el de asimilar patrones de conducta de personas admiradas, podemos afirmar sin embargo, que dentro incluso de grupos íntimos como el de las amistades, cada quien necesita encontrarse distinto a sus pares, aunque se trate de su mejor amigo!Las oportunidades de sobresalir vienen dadas básicamente, por a) los intereses: hobbies, música y actividades nuevas, que no son compartidas con los otros miembros del grupo (claro, en cada grupo hay un “afuera” y un “adentro”, pero los afueras lo son en tanto no compartidos); y b) el comportamiento: “importando” ademanes, ideas y mecanismos desde otros grupos a los que se pertenece, haciendo como conducto entre esferas sociales diferentes.

Luego de haber expuesto todo lo anterior llega el momento de preguntarnos: hasta qué punto somos real e intrínsecamente diferentes. Es decir, nuestras diferencias, son innatas, o somos nosotros mismos quienes buscamos (y encontramos) estas diferencias?!

Pensado de esta manera, podría establecerse que nacemos todos iguales y que es la pulsión de muerte lo que nos lleva a configurar nuestro vivir a partir de la búsqueda de la diferencia, y edificar todas nuestras creencias alrededor de dicha verificación!!!!

Somos nosotros los que provocamos el cambio, somos su motor y no su carro…!

Si somos, dependiendo del contexto, muchas máscaras (profesor, intelectual, hijo, amante, amigo, jefe, …y sus respectivas combinaciones), y descartando que seamos auténticamente todas esas máscaras en simultáneo… Cuál es la que nos queda “al sabernos totalmente solos?” (Al decir de Milan Kundera, en su libro “La insoportable levedad del ser” ).Respuesta: la más valiosa!!!(laS máS valiosaS, en plural, si no podemos escindir del grupo, más que un híbrido) La máscara más valiosa es la que adoptamos en soledad puesto que es la que más cómodo nos sienta al momento de tratar con nosotros mismos… la más auténtica: el verdadero espejo, o lo que más se le asemeje. …

En cuanto a ser auténtico, el mérito, en verdad, no es tanto el tener pocas caretas (puesto que sólo los locos actúan de igual manera sea quien sea que se encuentre delante de ellos – …y aquí no los acompañan ni los niños ni los borrachos, los locos quedan solos ante el mundo), sino el hecho de que se parezcan demasiado unas a las otras… lo cual implicaría no sólo un gran conocimiento de la propia persona y la posibilidad mejorada de poder dominar -moderadamente- las propias acciones, sino también la gran valentía en mostrarla a los demás!!!)

Estando al tanto de todo lo anterior, podemos afirmar con mayor conocimiento de causa, que somos lo que nos enseñaron a ser, entendiendo esto, como el cúmulo de experiencias y sus moralejas que, sin preguntárnoslo, fue asimilando nuestro ser, y que nos trajeron hasta Aquí y Ahora. En el mejor de los casos, siguiendo la línea de la búsqueda de la diferencia, somos el residuo de la lucha interminable entre lo que YA somos y lo que NO queremos ser, entendiendo por esto último, todo aquello que los demás nos inculcaron -deliberadamente o no- y que consideramos erróneo…Somos la síntesis de esta lucha.Y vivimos en permanente cambio, en dos planos simultáneos: el interior (constituído por la parte de nuestra vida íntima que jamás podríamos exteriorizar), y el exterior (que abarca las relaciones interpersonales). Pero todos estos cambios sólo se dan a nivel individual.

Retomemos las primeras líneas del artículo, en donde explicábamos que “Nuestro comportamiento inconciente se manifiesta cotidianamente en nosotros de dos maneras: como causa, y como consecuencia”, adaptando dicha idea al concepto de “transformaciones”, podemos considerar a algunas de ellas como originadas fuera de nuestra propia persona, productos de procesos sociales, bien “históricos” o bien “artificiales”.Los primeros, los son en tanto están articulados por una acumulación de hechos fortuitos y/o determinados inconcientemente, que va tornándose inexorable, asimilando cualquier proyecto de vida a su paso, y reconfigurándolo, para enlistarlo a su servicio; y los segundos, lo son en tanto generados por una determinada conciencia: ya sea que estén articulados por unos pocos que detentan el poder, o por unos muchos que quieren usurparlo.Sea por lo que fuere que estén producidas, dichas transformaciones son, siempre, sociales.

En cambio, a las transformaciones que restan y que no son pocas, las internas, las sufrimos ensimismados y solos…Ésta es la característica que determina su naturaleza.Al igual que con los cambios que parten desde el exterior, debemos lidiar con las consecuencias de los cambios que sufrimos a nivel personal, pero lo bueno de estos últimos es que, al menos en principio, somos amos y señores de estos territorios.Bueno, en realidad los compartimos con un personaje muy oscuro que nos hace creer las más de las veces que toda la autoridad y las responsabilidades recaen solamente sobre nosotros mismos, cuando en verdad las manos que mueven los hilos las más de las veces, son suyas: el Inconsciente.

Como si no tuviéramos preocupaciones en nuestro interior, existen superestructuras sociales que ejercen presión y gran influencia sobre nosotros, mientras moldean el comportamiento social total.Superestructuras éstas, que nos dicen qué hacer y qué no, ya sea de forma directa, o de la manera más sutil… personificadas en convicciones y valores impuestos desde fuera pero que sin que lo sospechemos, forman parte de nosotros mismos; pero ese, es otro tema…