Taichí, Aquí y Ahora

Portada del 3º libro del autor del blog

Feliz de poder compartir con ustedes, queridos lectores, la dulce noticia de que -luego de casi un año de espera-, mi tercer libro está en la imprenta… estamos a pocos días de poder ofrecer su versión en formato papel!!!

Aquí les va la reseña del mismo:

No es otro libro de taichí. Es nuevo.

No digo lo mismo que dicen todos los demás libros pero con distintas palabras. Digo algo distinto.

Digo que el practicante es más importante que la escuela y que la disciplina misma.

Digo que el taichí es un arte y que cada practicante debe asimilarlo, transformarlo en su interior y exteriorizar esa metamorfosis en la práctica.

Digo que hay que olvidar la forma, y buscar la conexión desde el principio mismo.

Digo que el taichí copiado y pegado es de plástico y nunca podrá volverse parte de uno mismo.

A lo largo de diez años de conocer el arte, desde la teoría y desde la práctica, como lector, autodidacta, alumno e instructor, pero siempre con una mirada crítica e híper-exigente conmigo mismo, llego al entendimiento de que las diferentes escuelas son caminos que uno camina con zapatos ajenos. Sirven para marcar el rumbo, señalar el norte. Pero eso es todo.

La máxima realización no llega hasta que no nos apropiamos de la disciplina en nosotros mismos, hasta que no nos volvemos taichí nosotros mismos, más allá de cualquier maestro, de cualquier estandarte o sistema de enseñanza.

Y, para eso, Taichí aquí y ahora, se pone manos a la obra de dos maneras:

La primera, con un lenguaje cercano y directo, tratando el tema en toda la amplitud necesaria, pero siempre desde el foco de practicante antes que desde la disciplina;

La segunda manera, es por medio de un viaje sin escalas directo a las fuentes, a los conceptos originales, y esto lo logra con un abreviado-extenso diccionario de términos claves en su idioma original (con ideogramas chinos y la romanización pinyin, que es la oficial reconocida por la República Popular China para “traducir” sus símbolos a nuestro abecedario occidental), para el entendimiento nuclear de la disciplina.

Taichí no es repetir una oración cien veces. Taichí es hacer poesía.

Y nadie puede hacer literatura por nosotros.

Si te interesa una versión digital del mismo, escríbeme un mensaje por Whatsapp o Telegram al +54 9 3544 659 093 y por sólo U$S 4,99 te lo envío!

Saludos!

Reseña «Taichí, aquí y ahora»

(Puedes conseguir este libro y otros más apoyándome en mi Campaña de Financiamiento Colectivo / Crowdfunding para el lanzamiento de mi obra literaria, haciendo click aquí)

Recorte Taichí aquí y ahora

Reseña de Taichí aquí y ahora

No es otro libro de taichí. Es nuevo.

No digo lo mismo que dicen todos los demás libros pero con distintas palabras. Digo algo distinto.

Digo que el practicante es más importante que la escuela y que la disciplina misma.

Digo que el taichí es un arte y que cada practicante debe asimilarlo, transformarlo en su interior y exteriorizar esa metamorfosis en la práctica.

Digo que hay que olvidar la forma, y buscar la conexión con el Ser desde el principio mismo.

Digo que el taichí copiado y pegado es de plástico y nunca podrá volverse parte de uno mismo.

A lo largo de diez años de conocer el arte, desde la teoría y desde la práctica, como lector, autodidacta, alumno e instructor, pero siempre con una mirada crítica e híper-exigente conmigo mismo, llego al entendimiento de que las diferentes escuelas son caminos que uno camina con zapatos ajenos. Sirven para marcar el rumbo, señalar el norte. Pero eso es todo.

La máxima realización no llega hasta que no nos apropiamos de la disciplina en nosotros mismos, hasta que no nos volvemos taichí nosotros mismos, más allá de cualquier maestro, de cualquier blasón o sistema de enseñanza.

Y, para eso, Taichí aquí y ahora, se pone manos a la obra de dos maneras: la primera, con un lenguaje cercano y directo, tratando el tema en toda la amplitud necesaria, pero siempre desde el foco de practicante antes que desde la disciplina; la segunda manera, es por medio de un viaje sin escalas directo a las fuentes, a los conceptos originales, y esto lo logra con un abreviado-extenso diccionario de términos claves en su idioma original (con ideogramas chinos y la romanización pinyin, que es la oficial reconocida por la República Popular China para “traducir” sus símbolos a nuestro abecedario occidental), para el entendimiento nuclear de la disciplina.

Taichí no es repetir una oración cien veces. Taichí es hacer poesía.

Y nadie puede hacer literatura por nosotros.

Otredad

 

Con somnolencia milenaria, el cerro acuna las lluvias desde el inicio de los tiempos, y el aguacero se desliza sobre sus laderas con irreprimible inexorabilidad y nada de arrepentimiento.
Una sudorosa y agrietada garra de hombre utiliza una saliente filosa que asoma junto a los cursos del agua sin edad y sin nombre; empuja hacia la cima el cuerpo ágil pero maltrecho de su dueño, en un intento final de ganar la cumbre.

Desde el fondo del horizonte, más allá de las gotas huidizas, una pincelada de luz crepuscular tiñe el rostro del que había emprendido el ascenso con afán conquistador, pero que ahora es poco más que otro adorno mojado del paisaje. Luz como lluvia, que baña cada porción de su cuerpo con servicial recibimiento y distingue al ser humano de su entorno. Le devuelve el Yo que éste había perdido, así como la capacidad de saborear el éxito. …Durante la escalada, este hombre ha perdido fuerzas, afán, actitud, todo, menos su cultura: desperdicia sus últimas energías regocijándose al ver su empresa concluída. Pero entonces, en tanto que hombre, también pierde la vida.

Sin embargo, para la luz, eso no es un hombre, ni nunca lo fue. Ni siquiera es superficie.
Tampoco la luz ha llegado: siempre estuvo allí. Ahí, siempre. Es el hombre quien la agarra con el lenguaje. Quien llega al Presente como llegó a la cima. Una cima que sigue sin nombre. Un Presente que siempre fue agua, que lo seguirá siendo. Es el hombre el que arrastra las cadenas consigo, contaminándolo todo a su paso: juzgando, etiquetando, constituyendo imperios de Organización (que no es orden).
Muerto, él se derrama sobre el suelo hecho lluvia. Cae sin transformarse, pues ya no era hombre, sino carne, hueso y agua. Y ni siquiera eso.

Muerte.
Providencial afasia que todo lo salva e integra.