me olvido

me olvido de la música

casi sin esfuerzo, camino hacia adelante y me olvido

como me olvido de caminar al buscarte

como olvido rescatarme

y percatarme

como vivo cada día desviviéndome desvaliéndome desvirtuándome

sin esfuerzo

y no ceso de olvidarme

porque el olvido es vida y no se amontona en un solo lugar, sino que es parte todo de lo mismo que es abismo y sangre pero también melodía…

(BASTA DE RIMAS!)

pero también golondrinas

música

y madres

y músicas y palabras y desequilibrios equidistantes

quisiera ser yo mismo más pequeño y mentiroso

quiero decir

memorioso

como cuando podía recorrer las carnes sin olvidarme

como cuando podía amanecer abrazante entre políglotas y desmadres

como cuando podía atarme el pelo con una hoz de sangre

como cuando podía compartirme sin evaporarme

o cuando podía vaporizarme sin olvidarme

de tus hombros

de mis logros

de

memorioso

(PUNTO)

para no olvidarme que me olvido de la música

que es mi madre

mi puta

mi carne

recién después

«recién después»

La música va primero. Recién después, el cerebro.

Camino por la música con un porrón en la mano.

La ciudad es música.

Cada persona, una nota.

O un silencio.

Instrumento maderoso del universo, mi cuerpo.

Mi piel, ojos del universo que lo ponen contento.

La música va primero, recién después el perdón.

La sed, el calor, el cemento, todo es envoltorio.

La música va primero, recién después, el amor.

arturo contra los zurditos

«arturo contra los zurditos»

arturo se fue, como hubiera podido irse jorge luis si hubiera tenido huevos…

fidel, el gran fidel, arrogante idiota -entre otras cualidades más copadas, claro-, se había metido con el arte: había prohibido el Jazz en cuba porque era música imperialista… ni siquiera me da bronca… apenas esgrimo una resignada sonrisa acerca de las estupideces humanas…

humanos deslizándose con inocencia, creyendo que hacen música, confundiéndose, ciegos a la esencia, ciegos al hecho de que ambos, la música animal y el animal musical, son

vibración…

universo…

silencio en movimiento…

vivir alcoholizado

«vivir alcoholizado»

Pienso en jazz. Pienso volando.

Pienso cuánto le debo al alcohol en mi vida… ¡Demasiado!

Jamás podría devolverle tal cantidad de favores distribuidos. Favores con forma de libertad, con forma de mujer, favores musicales, literarios, favores con las caras y los abrazos de mis mejores amigos, favores que rezuman la experiencia infinita del error y la aventura, favores de buena fortuna…

Sin embargo, durante años he dejado el alcohol de lado.

(pienso, ahora, desde la ex-abstención)

Vivir alcoholizado es como casarse con la modelo más bella: al cabo de un tiempo, se desearán otros cuerpos, incluso menos agraciados, irremediablemente…

Vivir alcoholizado es escuchar la pieza musical que más te gusta una y otra vez, para siempre, sin descanso, hasta gastarla en tus oídos y ansiar el silencio que se nos niega con su tibieza…

Vivir alcoholizado es regalar las noches a un extraño desmemoriado, que no devuelve las noches que se le regalan, (pero que te cuenta que fueron divertidas, en parte…)

Durante años, he dejado el acohol de lado, y ahora me arrimo con miedo, con la vergüenza (quizás) del fracasado o del que se arrepiente…, …pues extraño el viento en la cara, la cornisa, ese empujón suave hacia la incordura…

Con una diferencia…

esta vez, nadie hablará de compromisos maritales,

mi canción preferida sonará apenas las veces necesarias,

la modelo tendrá cerebro.

Ya no soy yo, todavía (7)

«finalmente…»

finalmente lo entiendo.

el poeta tenía razón:

las mujeres sí son música.

lástima que soy un pésimo disc-jockey.

no sé si es un problema o no, pero las dos críticas primordiales que me saltan como caniches excitados cada vez que se me ocurre musicalizar un ambiente con gente, son: «pero Diego, dejá algún tema entero!» y «ya cambiá eso, por favor!»

con las mujeres me pasa lo mismo. y con la vida, que es mucho peor (…o mucho mejor, dependiendo de dónde se lo mire, dependiendo de la escala de valores de cada uno, o de si -como en mi caso- uno gusta Descubrir tanto como Despedirse.)

salto de una canción a otra sin darme tiempo a nada, con la total desesperación de quien se sabe sediento para siempre. pero temeroso del agua al mismo tiempo.

sin embargo, cuando me enamoro de un tema, lo escucho ininterrumpidamente durante días, semanas, sin poder escapar de su melodía, ni pensar en nada más, presa de una nueva desesperación, de un nuevo encierro -pero que me gusta: que me unta de deleite hasta el rinconcito más desprotegido del alma…

me pasa lo mismo con todo lo que se me cruza por el camino, sean ciudades, disciplinas o poemas, sean lenguajes, sensaciones o proyectos.

despierto cada día sabiendo lo que siente un dique a punto de convertirse en cascada, con sólo el asomarse de una nota o el amanecer de una mirada. pero el agua que rebalza no es mía (soy del universo), por eso siempre es demasiada.

por eso arrastro todas las casas.

desfondo todos los abrazos.

y agoto todas las pilas.

las mujeres, en mi vida, son como las canciones,

pero las canciones no se cansan de ser absorbidas.

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