acierto

«acierto»

a los cuarenta me vengo a enterar que soy adicto a la dulzura…

a tu dulzura, verde y luminosa,

a tu sonrisa hermosa

que soy adicto a contradecirme, buscando desaparecer en el universo,

o en tu piel,

que es lo mismo…

recién ahora me doy cuenta de que sí existe el error: el error es no besarte, no mirarte, no abrazarte.

pero también existe el acierto:

estar aquí y en este preciso momento.

Otredad

 

Con somnolencia milenaria, el cerro acuna las lluvias desde el inicio de los tiempos, y el aguacero se desliza sobre sus laderas con irreprimible inexorabilidad y nada de arrepentimiento.
Una sudorosa y agrietada garra de hombre utiliza una saliente filosa que asoma junto a los cursos del agua sin edad y sin nombre; empuja hacia la cima el cuerpo ágil pero maltrecho de su dueño, en un intento final de ganar la cumbre.

Desde el fondo del horizonte, más allá de las gotas huidizas, una pincelada de luz crepuscular tiñe el rostro del que había emprendido el ascenso con afán conquistador, pero que ahora es poco más que otro adorno mojado del paisaje. Luz como lluvia, que baña cada porción de su cuerpo con servicial recibimiento y distingue al ser humano de su entorno. Le devuelve el Yo que éste había perdido, así como la capacidad de saborear el éxito. …Durante la escalada, este hombre ha perdido fuerzas, afán, actitud, todo, menos su cultura: desperdicia sus últimas energías regocijándose al ver su empresa concluída. Pero entonces, en tanto que hombre, también pierde la vida.

Sin embargo, para la luz, eso no es un hombre, ni nunca lo fue. Ni siquiera es superficie.
Tampoco la luz ha llegado: siempre estuvo allí. Ahí, siempre. Es el hombre quien la agarra con el lenguaje. Quien llega al Presente como llegó a la cima. Una cima que sigue sin nombre. Un Presente que siempre fue agua, que lo seguirá siendo. Es el hombre el que arrastra las cadenas consigo, contaminándolo todo a su paso: juzgando, etiquetando, constituyendo imperios de Organización (que no es orden).
Muerto, él se derrama sobre el suelo hecho lluvia. Cae sin transformarse, pues ya no era hombre, sino carne, hueso y agua. Y ni siquiera eso.

Muerte.
Providencial afasia que todo lo salva e integra.

hoy

Ya no hay espera en la nervadura del tiempo.
Sólo música y momento…
Ya no hay un pecho hambriento.
Sólo agua y silencio…
La clorofila de tus ojos decora con aves el recuerdo de un pasado violento.
En el hospicio, cada paciente ha colgado su uniforme,
y ahora baila con la comisura de sus labios,
sin nombre, sin movimiento…
Esto no es un túnel, no una cueva,
ni una sala de espera…
Esto no es sino el ayer florecido, mis manos sin escudo, mis ojos de anti-futuro.

acuerdo

De acuerdo.

Afuera el acuoso intento de borrar ojeras con pan, afuera la rencorosa cicatriz del fuego en el calendario, ¡afuera todas las almas despinadas!

Ya no beberé del río. Ya no aceptaré las flores que ofrece la mañana. Ya no te recorrerán mis memorias, haré oídos sordos, quebraré esta lapicera…

De acuerdo.

Pero no me pidas detenimiento ni flaccidez, no me pidas el compromiso ferroso del movimiento hacia el otro. Un otro con jaula ciega…, cuna triste de algodones expertos en sequía y polvo… Lejana tierra que me es vana…

¡De acuerdo!

Te regalaré mis caminos y mis sueños actuales. Te regalaré todo esto que chorrea desde mis ojos, toca el suelo y se expande –vivo– como queriendo escapar del abrazo matante de las normas: ¡primaveras de otros hombres! …Te regalaré la música de mis dedos y mi pecho; hasta te regalaré el agua blanda en la que navegan las ideas de las que me alimento…

De acuerdo…

Ahora nos toca a nosotros;

El monje, el anarquista, el faquir, el tigre vegano.

Demandamos:

  • Una toga sonriente, tejida con las palabras rojas que nacen del amor y del viento… Para no tener frío, y tener frío.
  • Sandalias de carne humana… Para caminar sobre el arrepentimiento sin hundirnos.
  • Una almohada rellena con el ardor injusto de todas las hogueras inquisidoras… Para no conciliar el sueño hasta que la empresa esté acabada.
  • Una bicicleta de oxígeno, con ruedas cuadradas, cocodrilos en los pedales, y sin manubrio… Para aprender a no avanzar sin mérito, sin haber dominado el Presente.
  • Que nos sea presentada la Mujer Perfecta y se la asesine ante nuestra impotente mirada… Para el desapego, para que el Aquí se vuelva el Cualquier-Parte.
  • Colmillos de Voluntad, grandes como las necesidades de los hombres… Para apresar de una vez el Sentido, y que ya no se nos escabulla nunca jamás.

Y, por último, last, but not least…

  • Que el presente Contrato sea destruido, irreversiblemente…

¡Pues sólo ha sido otra de las formas de reírme de la muerte…!