me olvido

me olvido de la música

casi sin esfuerzo, camino hacia adelante y me olvido

como me olvido de caminar al buscarte

como olvido rescatarme

y percatarme

como vivo cada día desviviéndome desvaliéndome desvirtuándome

sin esfuerzo

y no ceso de olvidarme

porque el olvido es vida y no se amontona en un solo lugar, sino que es parte todo de lo mismo que es abismo y sangre pero también melodía…

(BASTA DE RIMAS!)

pero también golondrinas

música

y madres

y músicas y palabras y desequilibrios equidistantes

quisiera ser yo mismo más pequeño y mentiroso

quiero decir

memorioso

como cuando podía recorrer las carnes sin olvidarme

como cuando podía amanecer abrazante entre políglotas y desmadres

como cuando podía atarme el pelo con una hoz de sangre

como cuando podía compartirme sin evaporarme

o cuando podía vaporizarme sin olvidarme

de tus hombros

de mis logros

de

memorioso

(PUNTO)

para no olvidarme que me olvido de la música

que es mi madre

mi puta

mi carne

Sol ambiguo

Sol ambiguo…

Acaso sea mi rencor impotente lo que me haga verlos de ida

feloces velices, tan cómodos y llenos,

y amoldados a la rutina tan perfectamente.

O estos ojos de escribidor caminante,

que me protegen

(traicioneros de vuestra inercia enmohecida)

de arrojarme cotidiando a la fatal cubetera.

Saltan, saltan, saltan, pero todos terminan

sapos destripados en la carretera

de la vida,

(soy yo una lagartija que el cielo mira

–lágrimas en mi cara sonriente–

…al no poder ser golondrina!)

¿Dónde tu caricia amable, Sol ambiguo:

Secándoles la sangre en costras a algunos,

y apagándoles las últimas células con vida…

pero manteniéndonos a otros,

tan la sangre tibia?

¡Oh, Sol ambiguo, gran justiciero cobarde!:

No me cuesta ser transparente pues, de tan simple,

me he vuelto insondable…

Ni me cuesta ver en ti a la Poesía:

que a veces acaricia, pero que siempre arde…

a través del arte

 

a través del arte

 

esto es bueno:

que tus ojos y mis ojos sonrían

juntos

en la memoria

(aunque estén mirando hacia otro lado…)

es bueno poder internarme en la sangre

huérfano de destinos

sin que por ello duela, ni espante…

ser velamen, historia, primavera

perderme en la azotea

al atardecer del dolor

ya sin la mohosa insistencia del lastre

sin la fiaca de vivir

(con la hemorragia)

(del para qué)

y, lo más importante,

sabiendo que tampoco me extrañas:

a ningún lugar, a ningún momento,

necesitar

volver…

es bueno ya no tener pesadillas

(salvo alguna visita de vez en vez)

y es bueno saber que puedo hablarte

a través del arte

y que me oyes

aunque ya no estés

cartones

Me destapo aunque no haya amanecido
(cansado como estoy de añorar el caramelo de tus ojos)
y tengo frío…
Te juro que voy a revolear las palabras un día de estos!
y saldré corriendo    ( llorando )    a buscarte…
Pero todavía no.
Aún soy sangre seca en el tibio barro:
no pertenezco, no estorbo…
(y no sé correr…)
Eso sí:
En cuanto se vayan callando los bueyes del hambre, me haré rienda, sinsentido,
me haré aire,
…y dejaré de buscarte!
Mas,
por ahora,
desnudo,
en mi cama,
de alambres,
seguiré añorando tu cuerpo frío,
intentando disolver en alcohol
un triste destino infame,
arremangando caminos,
transitándolos a lo cobarde…
     sin olvidar, claro,
           …que Soy Sangre!

«asta a la vista, baby»

Sangre.

Mi elixir,

confabulación de las sensaciones,

disfrutar de un camino alternativo al que me arroja el destino.

Sangre.

Todo demasiado ahí. Todo demasiado en mí.

Todo

–y sólo–

yo.

 

Sangre.

Lo que ingresa en mi pecho ya no es aire,

no necesito oxígeno:

existir de caminante que en su travesía hojea el libro de los anhelos ajenos,

adscribiendo o rechazando,

empujando…

Siempre caminando,

y haciéndome ver qué soy.

O acumulando

montañas en la mirada.

La diferencia con otros tiempos es la armonía del azar que hoy es viento

y un tímido reconocimiento de rinoceronte contento

que (no) sabe aikido

pero hace unos ukemis bárbaros.