para siempre (II)

«para siempre II»

por más que siempre cambie y por más que dure mucho

el universo se va a terminar alguna vez

así como nuestra vida

sin embargo, hay algo que es para siempre

el hecho de haber sido

he allí todo el valor imaginable y más todavía

cada cosa que hacemos

cada pensamiento

cada abrazo

cada insulto

lo hacemos para siempre

acierto

«acierto»

a los cuarenta me vengo a enterar que soy adicto a la dulzura…

a tu dulzura, verde y luminosa,

a tu sonrisa hermosa

que soy adicto a contradecirme, buscando desaparecer en el universo,

o en tu piel,

que es lo mismo…

recién ahora me doy cuenta de que sí existe el error: el error es no besarte, no mirarte, no abrazarte.

pero también existe el acierto:

estar aquí y en este preciso momento.

recién después

«recién después»

La música va primero. Recién después, el cerebro.

Camino por la música con un porrón en la mano.

La ciudad es música.

Cada persona, una nota.

O un silencio.

Instrumento maderoso del universo, mi cuerpo.

Mi piel, ojos del universo que lo ponen contento.

La música va primero, recién después el perdón.

La sed, el calor, el cemento, todo es envoltorio.

La música va primero, recién después, el amor.

pececito

“pececito”

cada segundo a su lado fue nutrición hondura inocencia movimiento y por nada en el mundo jamás nunca lo cambiaría

más que para agregar alguno que otro beso en silencio

todas y cada una de las ofrendas esclarecedoras de todas y cada una de las formas del dolor que es el color de la más profunda sabiduría recorren cual países la piel de esta pantera triste tanto

que la vuelven negra

y liviana

y totalmente sin raíces

envidia su presencia la libertad que no puede decidirse si poder si erudición si voluntad si caricia

reflejados en el ventanal infinito del tiempo todos los bucles del viento peinan su sien que ya nada tiene de intelectual y todo de soberana

sien hermana

escuchando mil veces la misma canción mientras navega su adentro mientras corrige para explicarse mejor su instrumento

mientras espera

condición única del viaje la nostalgia y la redondez desnuda en la palabra

pececito alegre nadando en fuego y arrastrando sus plumas quemadas como si nada como su alma como si no se quemara porque en realidad el fuego sale de su mirada para siempre enterrada en el universo

y yo que ya ni siquiera pregunto y que ya dejé de no tener tiempo y yo que ahora no soy universo sino trampolín de un niño travieso que duerme mientras transito cien realidades de incienso y que jamás me despisto porque soy el mapa soy la flecha soy el monje y la pantera el lector el niño

y el pececito

agacharse

 

«agacharse»

 

agacharse con el mundo

como sosteniendo el tiempo con los hombros

agacharse como se agacha el agua

como se agacha la tarde

agacharse como un valle que quiere observar mejor a sus hormigas incansables

agacharse con flores en las rodillas

y un agujero grande –enorme– en donde debería de estar el ego

agacharse como el otoño ante el filo del invierno

agacharse

no con las piernas estiradas, ni sacando pecho, pues no es uno quien se agacha,

sino lo neutro

lo que sabe esperar

lo que suelta

y no lo terco

no es uno quien se agacha como el sueño en nuestro cuerpo

no.

 

es el sol

y el amor

es el universo