Once

«once»

verano es invierno sin tus ojos azules

sin los pájaros implacables que vuelan rapaces hacia mi orgullo desde tus labios

y que necesito sigan machacando

para volverme más humano

verano que se vuelve invierno sin tus ojos tiernos

sin la cáscara humosa de tu alma que penetra en mi olfato y se queda allí riendo

para siempre

acompañada de recuerdos de momentos de hace apenas un momento sellados para siempre

en el recuerdo

pero que ya serpentean por todo mi ser interrumpiendo el silencio…

tratando de recordarte sin olvidar el miedo a la voracidad palpitante de tu cuerpo

las urgencias del pensamiento

ni las olas sempiternas aleteando entre los poros fulgurantes del sentimiento…

verano esperante

verano vestido de invierno precoz e imaginario

pues desde aquí, hasta que comience a irme volviendo

me acompañarán tus labios

tus pasos de tango

tus ojos tiernos…

Sincero II

¿A quién miento?

Ya no soy yo. Como siempre.

 

Tantas ciudades, amaneceres, risas anónimas,

tanto líquido fluctuante parecido a Siempre,

tanto desamor cargado en nombre de otros,

tanto color olvidado,

olvidado o caído,

como se les cae el color a las prendas viejas

(queda prendido de viejas vivencias)

o transmutado en calor.

(las prendas viejas nunca están frías)

como mi corazón.

Y sin embargo…

 

Siempre soy yo. Menos ahora.

Menos ahora que me falta el sol en el colchón,

la sonrisa en el desayuno,

la lluvia, el verano, los perros, la gramilla en la espalda, el agua,

 

el agua.

 

¿Planes? ¿Quién quiere planes?

El agua no tiene planes…!

Los perros no tienen planes…!

 

¿A quién miento?

Yo No Soy.

Y eso es lo bueno, claro.

Para combatir el frío…

goteaba. su cuerpo, que ya no esperaba nada y que se había resignado al día de fuego, goteaba, pausadamente, sudor. aire, caliente. agua, caliente. colchón, caliente. pensamientos, adormecidos. caracoles flemáticos dirigiéndose a ningún lado pero sin poder elegir su camino: arriados. toda la ciudad era calor y fiaca. todos despiertos como en espera, pero sin nada que aguardar. ampollas líquidas y transparentes yacían sobre su piel tan quietas como su piel. aquí y allá una se olvidaba de su misión y corría hacia abajo presa de la gravedad. el deslizamiento de las gotas de sudor por su rostro atraían su atención y las acompañaba en su caída con su mirada mientras en nada pensaba. su mente era esa gota de sudor que se unía a otras gotas, perturbándolas, y obligándolas a la unicidad en su travesía al colchón. algunas personas permanecían de pie, ya ni queriendo aguantar telas ni reposeras pringosas en sus espaldas. igual transpiraban. los automóviles, inmóviles. las nubes, inmóviles… ni las moscas daban señales biológicas. lo único con vida eran las lágrimas de sudor que el calor lloraba sobre los cuerpos de la gente adormecida, ¿o era el televisor?